lunes 18 de enero de 2010

Apuntes, despuntes y pespuntes totales.

Muchas veces he escuchado una frase que se repite desde hace mucho tiempo en Argentina. Sospecho -y espero- que hay dos motivaciones para concluir que a cierta gente "les dan todo".

La primera motivación -la que menos me preocupa- es, para mí, la superficialidad analítica, y me explico: creo que muy pocos se detienen a pensar qué es el Todo al que se refieren. Si 200 pesos de subsidio por hacer poco o nada es Todo, la discusión no debería continuar por más de dos minutos.

La segunda motivación -la que me quita el sueño- es, siempre para mí, el modelo de país que cada uno tiene en su mente. Si Todo significa sobrevivir, si Todo se termina con un Plan Trabajar, si Todo es la pobreza controlada e institucionalizada, si Todo es para algunos un plato de comida caliente pero para otros quince días en la costa, la cosa no me cierra.

La discusión debería superar el momento del hambre y el merecido descanso playero. Deberíamos indignarnos más, mucho más, por un sueldo de 700 pesos que por un subsidio de 200. El premio al esfuerzo debe ser definitorio en la elección entre quedarse sentado o levantarse cada mañana para ir a trabajar.

viernes 8 de enero de 2010

Apuntes, despuntes y pespuntes preguntones.

Para observar es necesario salir. Salir de lo que se quiere observar. Ser testigo es -utilizando la no positividad que tan de moda está- no ser parte de lo que se testimonia.

Para saber qué pasa en Argentina tengo que leer los diarios, no me queda otra. Como saben, no vivo en mi país, así que me resulta bastante fácil convertirme en testigo. En un testigo acongojado, sorprendido, estupefacto.

Sé por qué Clarín escribe lo que escribe -el bolsillo motiva-, los porqué de La Nación -ideológicos y económicos, aunque no siempre fueron la misma cosa para ese diario- y las razones de Página/12 -de tanto haber ido a la izquierda se encontró con el abismo, y no quiere caerse-. Saber en qué lugar están ubicados me ayuda a comprender por qué dicen lo que dicen, pero sobre todo, me ayuda a ser un mejor testigo.

Lo que no puedo evitar -aunque debería- es leer los comentarios de los lectores. Es en ese punto donde mi nivel de sorpresa se ve sobrepasado. La superficialidad, la carencia total de razonamientos -y cuando los hay, son mayoritariamente falaces-, la repetición obcecada de verdades de Perogrullo, las teorías conspirativas de todo tipo, en fin, la ignorancia que brota y se institucionaliza por doquier.

El último comentario que leí fue sobre unos ladrones arrepentidos. Los muchachos habían robado una vidriería, y arrepentidos -o asustados por tener en sus manos herramientas para trabajar, dijeron algunos- devolvieron el botín. Un lector escribió, y transcribo: "nadie pensó, veo, en la posibilidad de las conexiones del propietario del comercio. Conozco casos de robo automotor donde fueron devueltos en horas gracias a contactos non santos... ¿me explico?"

Después de leerlo me quedé pensando en el por qué de este comentario. ¿Por qué se llegó a ese razonamiento? ¿Por qué siempre tiene que haber algo más? ¿Por qué nunca las cosas pueden ser como son o como se las cuenta? ¿Por qué si alguien roba no puede arrepentirse?

¿Por qué si una familia desaparece durante un viaje la buscan por todos lados menos en la ruta por la que viajaba? ¿Por qué si uno se presenta para diputado después renuncia a su banca para quedarse en donde estaba? ¿Por qué si uno es opositor sigue en su puesto de oficialista? ¿Por qué si ella ganó las elecciones presidenciales gobierna en concubinato? ¿Por qué defendemos los monopolios? ¿Por qué defendemos a los matones? Y finalmente: ¿por qué tenemos que soportar a Ricardo Fort de la mañana a la noche?

martes 17 de noviembre de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes hambrientos.

Es la primera vez que me llaman así: compañero. A secas, sin nada más que aclarar. Ni de escuela, ni de trabajo ni de viaje. Compañero, y basta.

A mí, que nunca me puse una camiseta del Comandante. A mí, que jamás usé una boina verde ni fumé habanos. A mí, que nunca levanté el brazo con el puño cerrado -y mucho menos con la mano extendida- y lo más cerca que estuve de Bolivia fue en un viaje a la Quebrada de Humahuaca. Sí, justo a mí me llamó compañero.

Gracias, compañero, me dijo el compañero -me entusiasmé- agricultor. De esos agricultores y pescadores que protestan frente a la FAO, donde los países discuten cómo terminar con el hambre con descansos a la hora de comer y sin incomodar a los monsantos y cargiles.

Piden -los compañeros- una reforma agraria para terminar con el hambre. Para que los productores del sur no sean la única fuente de alimentación de las mesas -y mercados- del norte. Para que la especulación no crezca más que los cultivos. Eso piden, con calma, con fuerza y con razón.

Tiene su gustito que te llamen compañero. Lo digo porque tal vez Hugo, Mario, Alfredo, en fin, los compañeros -re- piqueteros, también podrían sentirse bien -y con ellos muchos más- si los productores que protestan en Roma los llamaran, simplemente, compañeros.

jueves 29 de octubre de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes o dunga-dunga.

Siempre hay prioridades. Es inevitable establecer un orden de necesidades para actuar en consecuencia. Es verdad, sin dudas, que si los niños no llegan a la escuela con la barriga llena, después de 4 horas la cabeza se irá vacía.

Pero las prioridades, para un Estado, no son necesariamente excluyentes. Hace unos meses, con las rutas cortadas y las cacerolas sonando por Palermo y Recoleta, la desnutrición infantil estaba en los mismos niveles de este octubre -¡vaya mes!-, para variar, convulsionado.

Dicen que no hay leyes electorales inocentes. Para muestra basta la ley electoral italiana, a la que sus mismos autores -la mayoría berlusconiana- llamaron "cerdada". Yo diría que no hay leyes inocentes. Todas -con buenas o malas intenciones- tienen un objetivo que se aleja de la inocencia.

Hay varios chistes que se ocupan del establecimiento de prioridades. ¿Se acuerdan ese en el que los miembros de una tribu sometían a sus prisioneros con una pregunta de vida o muerte? O una cosa, o la otra; aunque al final las víctimas eran sometidas -con sumo desagrado y en todo sentido- a las dos opciones.

Sin sometimientos ni malas intenciones, sería interesante que los legisladores pudieran permitirse debatir más de un tema simultáneamente, como la rubia del chiste, esa que puede comer chicle y caminar al mismo tiempo.

martes 20 de octubre de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes únicos.

Desde hace décadas, en Europa se cambia la hora dos veces por año. A fines de marzo se adelanta y a fines de octubre se atrasa. El domingo a las tres de la mañana los relojes volverán hacia atrás y serán las dos. Simple, obvio, corriente, usual, normal.

Hacen cuentas los gobiernos y cuantifican el ahorro. La gente -nosotros- acomoda sus horarios y sus cuerpos, y en dos o tres días los posibles malestares desaparecerán.

El perro de mi compañero Salvatore tiene problemas con el cambio de huso horario. Duerme pegado a la puerta de la habitación y se despierta poco antes de que su dueño se levante. Salvatore sabe que en los próximos días encontrará a Pongo durmiendo placidamente, sin darse por enterado del cambio de hora.

En Brasil la hora cambió el sábado pasado. A lo (muy) largo y a lo (muy) ancho del país, los relojes se adelantaron una hora. Así, sin mayores discusiones -las hubo en el pasado, con los Estados del nordeste, pero ya no sucede- todo el país tiene nuevo horario de verano para ahorrar energía.

En Argentina no. Ni cambió la hora ni dejamos de discutir. Lo que funciona en Europa y lo que funciona en Brasil, en Argentina no. Se entiende claramente el porqué: somos únicos, y para un país único, habitado por seres únicos, con problemas únicos, son necesarias soluciones únicas. Y así nos va.

jueves 17 de septiembre de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes bolivarianos.

Hace unos días, en la mostra de Venecia, se proyectó el documental de Oliver Stone sobre Hugo Chávez. Al menos así lo presentaban. Es simplista, equivocado e injusto, sostener, después de verlo, que es un documental sobre Chávez.

Es, en realidad, un documental sobre el chavismo, sobre los importantes cambios -pueden no ser positivos, admito- que se están produciendo en América latina, y sobre todo, la ignorancia y la mala intención de los medios norteamericanos para referirse a Chávez y al resto de los presidentes latinoamericanos que le apoyan.

La burla de tres ignorantes norteamericanos disfrazados de periodistas, sobre la costumbre de masticar "cacao" del presidente boliviano, indigna más (aunque no mucho más) que las risitas cómplices de la platea mientras veía a Stone llevarse a la boca hojas de coca ofrecidas por Evo Morales. El discurso unilateral ha hecho mella, y la coca, señores, definitivamente, es la cocaína.

No se ve a la oposición en este documental. No se ven los resultados prácticos (buenos o malos) de la Revolución Bolivariana; y es una deuda con el espectador. Se ve, sí, la manipulación mediática de Estados Unidos, y la intervención política y militar para atentar contra gobiernos democráticos. Eso sí se ve.

No me gusta el estilo de Chávez, lo digo por si la discusión se dispara para ese lado. Pero me gusta, comparto y defiendo su idea de una América Latina unida, con un discurso uniforme y negociando entre pares con el resto del mundo, sin subordinación.

La teoría es muy bonita, pero es en la práctica -demás está decirlo- donde los resultados se convalidan. Si no lo creen, miren hacia el Este. El comunismo destrozó vidas y países. ¿No alcanza? Miren hacia el Norte entonces, que se ve mejor.

jueves 2 de julio de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes amplios.

Hay diferentes formas para comprobar las consecuencias del paso del tiempo sobre nuestro cuerpo. Una de ellas es buscar una foto vieja (posiblemente del verano y en traje de baño) y llevarla -con extrema precaución- a las cercanías de un espejo.

La evidencia de los años transcurridos salta a la vista -salvo en el caso de Berlusconi: con tantas cirugías, implantes capilares y maquillajes varios, se veía más viejo cuando era joven- . Aunque irrefutable, esta no es una constatación demasiado útil. Somos nosotros mismos los que nos vemos, y no alcanza.

Hace unos días me tocó hacer lugar en los armarios. Esta es otra forma de comprobar que muchos días han quedado atrás. Fue inevitable encontrarme con el pasado. Un pasado en forma de pantalones que hoy sólo podría calzarme hasta poco más arriba de las rodillas. Esto sí parece que alcanza para darse cuenta del paso del tiempo, aunque no es totalmente demoledor.

Lo tremendo, lo angustiante, lo peor, en definitiva, fue ver una foto de mi mujer y sus amigas jugando con uno de mis nuevos pantalones. Una de un lado, otra del otro y en el medio algo parecido a una gran bandera de algodón, color natural; una especie de estandarte con piernas que esperaba, impotente e imponente -debo admitirlo- que una mano amiga le hiciera el ruedo.

Como siempre, me resisto a pensar que todo tiempo pasado fue mejor, pero recuerdo todavía cuando carente de costurera, me prodigaba con mis expertas manos en las técnicas de la termo adhesión.

viernes 12 de junio de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes escondidos.

Trato de recordar qué música escuchaba cuando tenía menos de diez años. Supongo que nada de rock, bastante de música infantil, tango (terminó casi gastado un casete de "Buenos Aires 8"), folclore y mucha música bailable gracias a mi abuelo y su piano.

Augusto está preocupado por la música que escuchan sus hijos, aunque más preocupado está por la que no escuchan. Horas de Pink Floyd abandonadas en los cajones; "Sultanes del Ritmo" dejó de ser un tema de Dire Straits para convertirse en "Los sultanes", un grupo berreta y oportunista, con obvias consecuencias.

Años atrás, el tango estaba en bajada. Los jóvenes no lo escuchaban y se temía por su futuro. Le preguntaron a Osvaldo Pugliese si compartía este temor imperante: no -dijo el maestro-, porque el tango siempre los espera.

Hace unos días hablaba por Internet con el más chiquito de los hijos de Augusto. Después de pocos minutos me dijo que se iba a jugar a la Escondida, y me dejó solo aunque esperanzado. Si la buena música es como el juego de la escondida, entonces no hay de qué preocuparse: siempre los espera.

sábado 16 de mayo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes suficientes.

Para entender, o mejor, para tratar de entender el conflicto en Oriente Medio, ayuda mucho visitar los lugares en los que se discute y se bombardea. Todos tienen razón, creo, aunque parece que los equivocados estuvieran sólo de un lado del muro que divide a Israel de Cisjordania: del otro lado, del de afuera.

Un palestino depende de la voluntad de Israel -que abre o cierra puntos de control en fronteras unilateralmente decididas- para visitar a sus familiares o para ir a trabajar. Un israelí que vive cerca de esas fronteras, teme por su vida cada día: un cohete o un hombre bomba pueden terminar con él.

"Es un conflicto difícil", comentó un sacerdote que viajaba con nosotros. "Hace muchos años que rezamos para que se resuelva, y todavía sigue", remató. Tal vez el camino sea otro, me dije en silencio.

Frente al muro de los lamentos -el otro muro-, que perteneció al Templo de Jerusalén y donde dice la tradición cristiana, Jesús echó a los mercaderes, desde hace miles de años se reza; y desde hace siglos se dejan mensajes, plegarias o, simplemente, deseos escritos en un papel.

Detrás de este muro -el lugar más cercano al lugar santísimo para los judíos- se levanta la Mezquita de Al-Aqsa, o la maravillosa Cúpula de la Roca. Dice la tradición musulmana que desde aquí Mahoma subió al cielo.

Esta zona de la ciudad vieja de Jerusalén es un punto de encuentro de las tres grandes religiones monoteístas. Frente a ese muro, una noche de mayo, con mucho respeto, escribí un deseo simple pero con un sentido amplio, abarcador, que no se reduce sólo a los fanatismos religiosos. Coloqué entre sus grietas un papel con una sola palabra escrita: basta.

martes 5 de mayo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes nostálgicos.

Me emociono cada vez que escucho a Serrat poniéndole voz a Antonio Machado. Si bien la música y la letra de "Cantares" son maravillosas, me conmueve mucho más la historia del poeta español.

Terminó su vida en Francia, después de varias peripecias que lo acorralaron junto a los republicanos que luchaban por la democracia perdida. Pasó la frontera enfermo, y al poco tiempo -también de pena, parece- murió.

Imagino las charlas con sus compañeros republicanos, antes y después del golpe franquista. Proyectos, modelo de país, libertades, modernidad, arte, futuro. ¡Cuántas charlas de sobremesa, antes, o de sufrimiento, después!

No tuve que imaginar, sin embargo, porque la vi, una charla que asemejaba a la sobremesa de algún restaurante de Palermo (cerca de Plaza Italia). Parecían dos nostálgicos amigos haciendo planes para su futuro, divertidos, a solas, aunque en televisión.

Y me acordé de Machado. Luchó por la democracia con su cuerpo y su cultura. No se escondía detrás del latín ni del tono campechano para proyectar su modelo de país, o mejor, de República.

Tengo una sensación amarga, contra la que combato día a día: la democracia es defendida por casi todos, sin distinción, mientras está vigente. Cuando deja de estarlo, en cambio, pareciera que algunos no se sienten demasiado incómodos; y los que luchan para recuperarla -aunque tal vez me equivoque-, son siempre los mismos.

miércoles 22 de abril de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes curiosos.

Ante la duda... dice el conocido refrán, la elección, amigas, es obvia. La duda es, además, una gran motivación para aprender. Sin duda no hay crecimiento. Sin duda no hay curiosidad.

Pero son las ideas de la gente las que deberían despertarnos curiosidad. Tener más interés por las personas que por las ideas ajenas es señal de, al menos, aburrimiento. Y ni hablar si lo que importa no es ya la gente o sus ideas, sino lo ajeno. Ahí ya estaríamos, claramente, frente a un hecho tipificado, con gran precisión, en el código penal.

Da pena cuando la gente se preocupa poco por la educación, menos por el crecimiento y nada por el respeto. Sospecho que existe una relación inversamente proporcional entre la carencia de estos tres elementos y la abundancia de curiosidad desperdiciada, inútil, chismosa. Creo que la relación entre la habladuría y el aburrimiento es, en cambio, directamente proporcional.

Aprovechemos entonces la curiosidad para aprender, para crecer, para llevar nuestro horizonte un poquito más allá de la punta de los zapatos. La curiosidad es hija de la ignorancia y madre de la ciencia, dijo un filósofo; la sospecha es prima de la suspicacia, tía de la ofensa y amiga de una amiga de la calumnia, dijo un rosarino, creador de aforismos, impulsado por el negro Fontanarrosa.

Dos caminos, dos recorridos, dos resultados con un punto de partida común. Uno, el más largo, el más complicado, el más difícil, aunque el mejor. Si la elección cae en el otro camino, deberíamos admitir que sin curiosidad estaríamos mucho mejor.

jueves 16 de abril de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes sísmicos.

No hace falta ser muy dotado para darse cuenta de que estamos a merced de la naturaleza. Nada podemos hacer cuando a esta imponente señora se le ocurre algo. Lo que sea, lo que venga, a cualquier precio.

Tampoco hace falta ser muy dotado para saber que existen medidas para mitigar, contrarrestar y hasta para evitar las consecuencias de los desastres naturales. Desde chicos sabemos que basta el soplido de un lobo para que una casa de paja deje al cerdito sin techo y refugiado en la casa de su hermano, el albañil.

Albañiles honestos y capaces harán falta para reconstruir los pueblos destruidos por el terremoto en Italia. Constructores que no utilicen la arena del mar (con cloruro de sodio incluido) para construir cimientos que se desgranan, con hierros carcomidos por la sal marina y paredes que no soportan el peso -no están preparadas para eso- y "explotan" hacia la calle.

Hasta aquí el pasado. El presente es, entre otras cosas, la enorme cantidad de carpas, con miles y miles de personas sin hogar. La vida en las "tendopolis", como llaman aquí a los campamentos, intenta adquirir normalidad, aunque sin lograrlo.

Berlusconi no ha faltado un solo día. Visitó la zona, nadie lo acusó de demagógico y nadie criticó su intención -discutible- de desdramatizar la situación. Tal vez no haya sido adecuado cuando describió como "día de camping" la estadía en las carpas, pero es un tema menor frente a un drama que, para la gran mayoría de los sobrevivientes, es el futuro que recién comienza.

miércoles 1 de abril de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes enlutados.

Recuerdo la efervescencia de aquel día. La gente hacía largas colas para votar. Recuerdo la esquina de la escuela, frente a la plaza, llena de gente que esperaba su turno mientras hablaba -sana costumbre- y disfrutaba de un momento negado por años.

Tengo la sensación de que el artífice de ese momento tiene nombre propio. La ilusión, por aquellos años, se reflejaba en la cara de los alfonsinistas. Él era la esperanza, el cambio, lo nuevo. Y fue.

Nada como la muerte para mejorar a las personas, podría decirse. Nada como los poderes económicos para derrocar gobiernos, agrego. La distancia de los hechos, la constancia y la conducta (suyas) son tres pilares en los que debería basarse un juicio crítico sobre Raúl Alfonsín.

Sería interesante extrañar aquellas sensaciones. Me gustaría tenerlas hoy, a pocos meses de las elecciones. No importa el partido, no importan las ideas. No hay ilusión, hay casi nada más allá de los impuestos y la inflación. Son problemas urgentes, sí. Pero la política es mucho más que eso. La política es proyección, la política es progreso, la política es, fundamentalmente, democracia. Y nunca viene mal recordar que "con la democracia se come, se educa y se cura".

lunes 30 de marzo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes de látex.

Un discurso puede analizarse desde diferentes puntos de vista. Cada observador elige un lugar y desde ahí comienza su recorrido crítico.

Estaba yo en Angola esperando que Benedicto XVI llegara al continente africano para seguir con su incansable tarea de evangelizar, cuando sus declaraciones realizadas desde el avión papal irrumpieron con fuerza en escena.

Dijo Ratzinger, a propósito de la lucha contra el SIDA, que el preservativo no sólo no es la solución, sino que "aumenta el problema". Dada la "infalibilidad" del Papa, los periodistas no pueden repreguntar; así que hecha la declaración, hecha la interpretación.

Se me ocurren tres puntos de vista -habrá más, seguramente- para comenzar a entender esta afirmación: el Papa es ignorante, es tonto o es malintencionado. Descarto lo primero, me debato entre el resto y me decanto por lo último (no se llega a suceder a Pedro sin astucia).

Aun sin compartir, puedo entender la posición de la jerarquía de la Iglesia Católica (hay diferencia entre jerarquía y base) a favor de la abstinencia como método para combatir el SIDA. Lo que es inadmisible, lo que no puede tolerarse, es la mentira. Muchas cosas pueden decirse del preservativo, pero afirmar que "aumenta el problema" del SIDA es un pecado.

Esta simple frase, pronunciada desde el fundamentalismo religioso, puede tirar por tierra años del trabajo realizado por organizaciones humanitarias y millones de dólares invertidos en campañas educativas para prevenir enfermedades de transmisión sexual. Simple, fácil, grave.

Mientras tanto, la cifra de enfermos crece sin parar en África. Los hombres continúan abusando de mujeres que bien podrían optar por la abstinencia -si sus abusadores se lo permitieran- y miles de niños ven cómo sus padres y madres terminan sus días rendidos ante el SIDA. Como dicen en mi pueblo, "a llorar a la iglesia".

miércoles 25 de marzo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes angoleños.

No estoy totalmente convencido de que la primera impresión es la que vale, pero incide. El orden no parece abundar en tierras angoleñas, y el primer síntoma lo vimos en el aeropuerto. Entre desordenadas filas de acaloradas personas nos abrimos camino para llegar hasta el señor que debía controlar si teníamos puestas las vacunas obligatorias para entrar al país. Y entramos.

Antes de llegar al coche que nos esperaba, un nuevo síntoma: nos pidieron 20 euros para dejarnos pasar sin hacer una cola. No pagamos. Y pasamos. La policía aquí no inspira seguridad, sino miedo. Arrogancia, mucha; privilegios, también. No vi pizzerías, pero si las hubiese, seguro que se comerían -sin pagarla, claro está- una grande con morrones. Sí vi, en cambio, cómo desayunan gratis en los hoteles.

Fea. La capital de Angola es fea. Fue linda, dicen. Les creo por respeto y porque la guerra civil terminó hace siete años. Están reconstruyendo el país, y se nota. No es sólo una reconstrucción edilicia (a Luanda no llegó la guerra pero es como si lo hubiese hecho), sino institucional, civil, de orden público. El tráfico es otro síntoma de la falta de reglas y estructuras (hay pocas calles asfaltadas): dos horas para hacer diez kilómetros.

El gobierno intenta crear básicas normas de convivencia: "La basura en su lugar es un lujo", dice un cartel pegado en los contenedores, en los pocos que hay por las calles, sintomáticamente sucias y destruidas. "Respete al peatón, no circule por la vereda", sorprende y confirma otro.

No sé si la cura llegará para tantos síntomas de un país convaleciente. Mientras tanto, las grandes multinacionales, con sus ejecutivos hiperpagados desembarcan en Angola y convierten a Luanda en la ciudad más cara y, posiblemente, una de las más desiguales del mundo: para algunos, empleos "bien pagados" a 300 dólares, para otros, sueldos envidiables de 20.000 billetes americanos al mes, más casa y coche con chofer.

Pocos antídotos hay para soportar estas diferencias, pero volví con varias "curitas en el alma". Superaba por poco mi cintura, por eso tuve que agacharme para escuchar cómo me pedía un recuerdo para él, mientras me tomaba de la mano. Recién salía de la escuela, con guardapolvos blanco y mochila al hombro. Contento volvió a su casa con un regalito abrochado en la solapa. No sé si sabrá que, en realidad, el recuerdo me lo dejó él. Fue un abrazo fuerte, sentido, genuino, inolvidable...

miércoles 11 de marzo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes selectivos.

En unos días me voy a África. La primera sorpresa fue la cantidad de vacunas que tuve que ponerme: fiebre amarilla, hepatitis B, tifus, tétanos, meningitis, difteria y para terminar (aunque nunca es el final) cólera y una pastilla diaria -desde un día antes de la partida hasta 7 días después del regreso- para la malaria. Completito. Soy un laboratorio andante.

La segunda sorpresa fue después de conocer la cantidad de horas de vuelo. Desde Lisboa son ocho. Antes, las casi tres desde Roma hasta Portugal. Demasiadas para nosotros, si pensamos que los vuelos europeos son bastante más cortos.

Cuando supe que eran ocho horas de vuelo, la vergüenza travestida de calor me invadió completamente. ¿Por qué pienso en África y no en el país al que voy a trabajar? ¿Por qué no tengo ni la menor idea de la distancia que hay entre Italia y Angola? ¿Por qué puedo señalar con el dedo, con poco margen de error, adónde está Atlanta y no sabía hasta hace una semana que Luanda es la capital de Angola?

Tal vez una cifra ayude a explicar el porqué de tanta ignorancia o de conocimiento selectivo: 300 euros. Esto es lo que vale la vida, o la protección de la vida. El que tiene el equivalente a 1400 pesos argentinos, se vacuna y se pone a salvo de las enfermedades que azotan a millones de personas que viven en un continente inmenso e inmensamente rico. Lugares y personas que interesan poco y nada al resto del mundo. El petróleo y los diamantes angoleños, en cambio, sí.

martes 3 de marzo de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes privados.

Este domingo hizo calor en Córdoba, me dijo el negro. Me dijo también que puso el aire acondicionado bastante fuerte, que discutió con su mujer por la baja temperatura -esto no me lo dijo pero las mujeres siempre tienen frío así que lo doy por hecho- y que compró el partido de River para verlo por DirectTV.

Después de comentar el 5 a 1 con cierta rapidez -quién sabe por qué- mostró su alegría por el gol de Crespo en el Inter. Parece mentira -me decía- que yo me preocupe por Hernán Crespo. ¡Es más! Sufro por Nalbandián, que es una empresa. Es como hacer fuerza por Arcor, exclamaba casi indignado.

En Italia todos los clubes de fútbol tienen dueño. Pero dueño de verdad que pone el dinero, y gana o pierde según los resultados. Para los hinchas esto no tiene importancia alguna: se puede perder la voz alentando a la Juventus mientras los Agnelli (o sus vástagos) brindan con champán francés al final del partido. El dueño del Inter es un petrolero que ha perdido mucho dinero con el fútbol, pero dicen que sus hermanos prefieren que pierda con el fútbol y no que maneje sus empresas, porque sería peor.

Eso, peor no podía ser: "encima como lo había pagado me lo vi entero", lloraba el negro desde Córdoba. "¡Quería descomprarlo!", decía, en una muestra más de la simpleza del hincha. Su vida por volver el tiempo atrás. No estaría mal volver, por ejemplo, a los primeros días de diciembre: para algunos un largo verano, para otros, el mejor invierno en muchos años.

martes 10 de febrero de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes evolutivos.

Hace 150 años el mundo se entendía de un sólo modo. Un pensamiento hegemónico determinaba la historia de todos los seres vivos que habitaban la tierra. Pero llegó él.

Después de un largo viaje -con escala en la Patagonia y un paseo por las Galápagos-, Charles Darwin interrumpió la misa con su libro sobre el origen de las especies, y enfervorizó homilías basadas en un libro bastante más gordo y más antiguo, con varios siglos a cuestas.

La selección natural no tuvo el camino fácil, aunque sus sólidos argumentos permitieron al biólogo inglés (que en estos días festejaría su bicentenario si hubiese podido adaptarse) poner en discusión -y debilitar- la idea del Dios creador, del hombre como especie superior y la intencionalidad de la vida. Somos, según Darwin (y otros también, entre los que me incluyo haciendo halago de una arrogancia difícil de igualar), simplificando, consecuencia del azar, nada más.

El hombre, mediante la ciencia, no acepta que el azar -para algunos- o la divinidad -para otros- dominen su vida. Recibir un corazón que funcione y controlar el colesterol (del malo, lógicamente) son logros científicos que la humanidad agradece, en los que religiosamente cree, sin duda alguna.

Parece una idea compartida la de esperar que la voluntad divina termine con la vida de las personas. Un final que llega, generalmente, después de haber luchado contra esta voluntad utilizando todos los medios que la ciencia pone a disposición. Un litro de antibióticos, un hígado nuevo y un marcapasos vs. la voluntad divina. Quién sabe si hace 150 años Darwin habría imaginado semejante cartel para un debate todavía abierto.

viernes 30 de enero de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes cremosos.

Me gusta la alta cocina. En realidad nunca probé un plato de alta cocina, pero me gusta ver cómo trabajan los grandes chefs. Escucharlos mientras cuentan cómo pensaron la crema de eucalipto australiano hidrogenado, o cómo prepararon el polvo de mejillones que decora el atún al horno con salsa de tomate cristalizado, por ejemplo, me encanta.

Son artistas, creo yo, porque para hacer ciertos platos es necesaria una gran dosis de inspiración, además del conocimiento y el trabajo. Claro que el inventor de la plancha eléctrica también tuvo que inspirarse, pero tenía un fin que superaba su invento. Aunque su objetivo no era, como podría pensarse, quitarle las marcas a sus camisas, sino evitar tener que ir a buscar carbón para que su mujer se las planchara.

Lo único que no comparto con estos grandes cocineros es su mezquindad. Deberían decidirse: o platos más chicos, o porciones más grandes. La ramita de romero crocante quedará muy linda, pero si la carne preparada con finas hierbas apenas se intuye debajo de la ramita, la cosa no pinta bien. De todas formas, marcan tendencia, influyen en otros cocineros y también en nuestras cocinas y en nuestra forma de cocinar.

Tal vez por eso, cuando salió del horno el pastel de papas, no me llamó demasiado la atención un detalle: los pasteles que había visto antes tenían la carne cubierta de un puré consistente y crocante. Y para decorar, toda la superficie rayada con un tenedor. Este, en cambio, no.

El puré era una suave crema de papas, inconsistente. Supuse que era una nueva receta, influenciada por el Gurmet o Utilísima, pero no. El puré siempre se ha hecho pisando la papa manualmente, y debería ser siempre así. No hace falta una licuadora. La tradición, queridos amigos, no es una mala palabra.

jueves 22 de enero de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes numismáticos.

Existe una rara costumbre que no comprendo pero a la cual me he rendido sistemáticamente: arrojar monedas a una fuente para pedir deseos. Si se pasa por la Fontana di Trevi, es inevitable sentirse un poquito Mastroianni y escuchar la voz de Anita que te dice: "vieni, Marcello..." y ahí vas, con una moneda en la mano y la dignidad en la otra, bien guardada en el bolsillo.

Tenía una alcancía a la que hace poco le llegó el final. El chanchito había quedado sin lomo después de una caída, y brillaban un montón de monedas en su interior. Con voluntad las conté (había muchas), las metí en una bolsa y las llevé a un bar amigo para que me las cambiaran. No las quisieron. Tenemos muchas y no sabemos qué hacer con ellas, dijeron con gran simpatía, y las rechazaron.

Hace unos años, me contaba un amigo, en Italia faltaban monedas. En los quioscos te daban un papelito -una especie de Patacón centesimal- que circulaba reemplazando las monedas. De qué época estamos hablando, le pregunté. Hace como 30 años, me enmudeció.

En Argentina podríamos ser pioneros -una vez más, después del colectivo, la birome y el dulce de leche- e introducir una nueva costumbre: arrojar billetes a las fuentes para pedir deseos. Deberíamos pensar un poco mejor el tema de la intrínseca incapacidad de los billetes de dos pesos para flotar sin arruinarse, pero ese es otro tema.

miércoles 7 de enero de 2009

Apuntes, despuntes y pespuntes de autores.

No seré yo quien contradiga a Eladia Blázquez, pero cada vez que escucho su "Honrar la vida", me entra el miedo y la duda. Sus palabras me suenan un poco exageradas, y tal vez hasta sospecho un dejo de arrogancia; pero así son los artistas.

Temo y dudo porque no sé desde qué momento se comienza a honrar la vida. Posiblemente sea algo demasiado personal, así que doy por hecho que la estoy honrando y me dedico a vivirla.

¿Y ahora? ¿Qué es vivir? ¿Cómo se hace? Hago como quiero y como puedo, y se terminó. A otra cosa. Ya se verá.

Entonces vivo cuando me encuentro con amigos. Vivo cuando hay una buena cena o cuando como lo que hay. Vivo mientras miro la tele en el sofá, con un buen mate y mejor compañía. Cuando sale el sol y deja de llover o cuando llueve y me quedo en casa. Cuando escucho buena música -que copio- y sumo y sigo...

Releyendo para seguir y terminar, no parece tan complicado vivir, aunque sospecho que es sólo una ilusión. O tal vez no. Quizás la dificultad está en eliminar el ruido, quedarse con lo que sirve, con lo que vale, con lo esencial, y con lo que sobra que hagan canciones y las registren en SADAIC.

jueves 18 de diciembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes malevos.

Me resisto a pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Creo, sí, que el tiempo ayuda a ver mejor las cosas. Escuchar un disco de Charly García, del Charly de los años 80, permite descubrir -confirmar sería lo correcto- a un gran artista.

Pero si dejamos de escucharlo y leemos sobre su estado de salud, la cosa puede preocupar o disgustar. A mi, claramente, me preocupa. Creo que es, sin dudas, el mejor músico de rock que tiene Argentina, aunque cuando leí que un roquero, que el gran trasgresor, tomaba mate dulce, las dudas me invadieron.

En estos días no paro de cantar un tango de Discépolo. Un tango que siempre cantaba Chiche Ferro por los pasillos de Canal Nueve poniendo voz y actitud de tanguero. Chiche tomaba mate en un engendro vergonzoso: un termo con mate incorporado.

Para tomar mate con ese "coso" (perdón, pero no le encuentro otra definición) había que chupar de la bombilla de plástico que traía incorporada y el agua del termo pasaba a través de la yerba. No había que cebarlo, se auto cebaba.

"Decí por Dios qué me has dao, que estoy tan cambiao, no sé más quién soy", entonaba mi amigo mientras caminaba con el mate y un papel en la mano (para disimular que estaba trabajando, que iba hacia algún lugar). Después de tomar el último mate dulce de esta mañana, no sé si cantar "Vos también estabas verde" de Charly, o seguir con "ya no me falta pa' completar más que ir a misa e hincarme a rezar".

viernes 5 de diciembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes anaranjados.

Hace un tiempo comentábamos con Javier y Silvina sobre las virtudes del jugo de naranja recién exprimido. Desde hace un año -con inesperada continuidad- beber un vaso de jugo natural se ha convertido en una sana costumbre antes de salir de casa cada mañana. Pero para hacerlo es necesario un práctico exprimidor.

Con Javier coincidíamos en la comodidad de los exprimidores manuales, los que tienen una palanca y poco más. Son fáciles de lavar, decía mi amigo; y ahí fue cuando Silvina mostró sus naturales reflejos femeninos: ¡pero si vos nunca lo lavaste!, increpó ganadora. Pasaste la prueba del exprimidor, dijo él. Hace una semana se casaron.

Cuando salí de la ducha casi listo para ir a trabajar, me encontré sobre la mesa un jugo de naranja recién exprimido. Grata sorpresa, sin dudas. Y en ese momento recordé la charla con mis amigos recién casados. El exprimidor ya estaba lavado y en su lugar. Prueba superada.

miércoles 19 de noviembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes emocionados.

Volví con la valija pesada de mis últimas vacaciones en Argentina. Traía unas cuantas botellas de vino. De muy buen vino que Alejandro, por interpósita persona -diría un amigo-, me regaló y que acepté no sin antes oponerme con escaso énfasis.

Cuando el vino llegó a mi casa -un día después de mi aterrizaje, ya que mi valija quedó perdida en algún aeropuerto-, puse las de tinto a buen resguardo y la de blanco a enfriar. La tenía ahí, fresquita, para abrirla en un buen momento, en una gran ocasión. Suponía que a este sauvignon del 2007 -un blanco potente y perfumado- le llegaría su hora en diciembre.

Me pareció una exageración encender velas perfumadas. Tampoco puse la mesa con el mantel nuevo, ni los platos modernos, ni las servilletas de color, aunque la situación podría haberlo ameritado. Era, sí, una cena íntima. Un momento especial.

Fueron 90 minutos con los ojos vidriosos. Los recuerdos, la emoción, el pasado, el presente y el futuro. Yo y una estrella: Diego Armando Maradona, que bien se merece un brindis con un blanco de Rutini.

domingo 16 de noviembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes vitales.

Es verdad que se ha exagerado mucho -tal vez demasiado- con la palabra y, sobre todo, con el concepto de libertad. Cada uno intenta ejercer su libertad como quiere y puede, pero ¿cuál es el límite? Y además, ¿quién lo decide?

Sin caer en fundamentalismos anárquicos, la propia vida debería ser decidida por su propietario, o sea, por nosotros mismos. Por qué, para qué y fundamentalmente cómo y hasta cuándo seguir adelante son preguntas que sólo yo puedo responder. Es más, preguntas que yo solo quiero responder.

Hace 17 años que una chica permanece en estado de coma vegetativo. Después de 10 años de lucha (7 años después del accidente que le quitó los sentimientos, su vida, la vida), su padre logró que la justicia lo autorice a cumplir con los deseos de su hija y desconectar la sonda que la alimenta y la hidrata. Un tubo de goma, sólo eso, permite que su corazón siga latiendo.

Quiero vivir. Quiero vivir mucho. Quiero vivir bien. Quiero vivir mucho y bien. Quiero ser dueño de mis días. Hasta el final. Hasta que no pueda más. O hasta que no quiera más. ¿Puedo?

miércoles 12 de noviembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes repetidos.

Estaba José de San Martín despidiéndose de su esposa -con un beso en la frente, lo sabemos- antes de partir para liberar América. Tenía su sable corvo lustrado y afilado y su caballo blanco atado en la puerta, listo para salir. Era enero y hacía calor. ¿Por qué te vas ahora?, preguntó su esposa Remedios.

La misma pregunta tuvo que escuchar Bolívar cuando partía rumbo a Guayaquil para entrevistarse con San Martín. Esta vez no fue su esposa quién le preguntó, sino sus más cercanos colaboradores que, después de tantos combates, estaban ávidos de dos cosas: descanso y nuevas hipótesis de conflicto.

Se usa mucho -y no voy a ser menos- repetir que la historia se presenta primero como tragedia y después como comedia. Alguien tuvo la osadía de preguntarle a Karl Marx, autor de esta afirmación, en qué se basaba para sostener esta idea. Ofendido, como era de esperar, con el puño levantado -como también era de esperar-, respondió de muy mal modo.

Es interesante ver cómo en diferentes lugares, aunque en épocas similares, la respuesta a las tres preguntas fue la misma. "Son cosas mías", respondieron Don José, Don Simón y Don Carlos. Es sorprendente ver cómo la historia vuelve a repetirse: "Son cosas mías", justificó Don Julio su negativa a Oscar Ruggeri como ayudante de Maradona, aunque dudo que esta vez se trate de una comedia.

viernes 7 de noviembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes herreros.

Con el mito de los metales, Platón busca justificar su teoría sobre la estratificación del Estado. Más allá de no compartir en absoluto esta idea tan suya, hay que reconocerle, entre otras muchas cosas, una gran capacidad creativa.

Cada uno de nosotros, dice Platón, ha recibido por parte de los Dioses una inyección de metales en su alma. Mayor cantidad de oro para los filósofos, de plata para los guardianes, cobre y hierro para los artesanos y pastores. De acuerdo a la proporción de metales, a cada alma le corresponderá una clase social.

Según este mito, entonces, un filósofo nunca podrá ser pastor ni un pastor (y acá está el temita) podrá ser filósofo y ocupar un lugar destacado en la polis. Supongo que los pensadores de la antigua Grecia podrían compararse a los políticos de nuestros días; y con los últimos cambios en la política mundial, volví a recordar el platónico mito de los metales.

En la madrugada electoral de Estados Unidos, después de largas horas de espera, Barack Obama (el "joven, bello y bronceado", como dijo Berlusconi) le hablaba al mundo. Y en esa trasnochada confirmé, al menos esta vez, que en el reparto de metales me tocó el hierro. Mientras Obama decía "yo tengo un sueño", a mí me sobraba el artículo.

miércoles 29 de octubre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes seleccionados.

Después de lo que pasó en Estados Unidos '94 decidí no discutir nunca más sobre el argumento "Diego Maradona". Si mi interlocutor está de acuerdo conmigo, podemos llegar hasta las lágrimas recordando y reviviendo las jugadas de Maradona.

Si en cambio mi compañero de charla se pone chungo con Diego, no obtendrá respuesta alguna. No discuto porque no puedo pensar. Sólo puedo sentir cuando se trata del mejor jugador de fútbol del mundo.

Esta vez no será la excepción, pero tengo que confesar que me he visto seducido por más de una falacia. Razono mal, equivocadamente, buscando rebatir la teoría de su falta de experiencia.

Me tiento y casi suelto que si es por eso, con grandes experimentados nos ha ido de regular a mal, al menos si el parámetro son los resultados en los últimos mundiales. Caótico con el primer Basile, justito con Passarella, mal con Bielsa, sabor a poco con Pekerman y con el último Basile estaba por verse si llegábamos a Sudáfrica.

Es verdad que los resultados no lo son todo, tanto como que la experiencia tampoco lo es. Los experimentados nos han llevado del pelo corto al talco, de jugadores casi robotizados a la mala racha. Yo propondría, para evitar cualquier crítica, una Cadena Nacional antes de los partidos, otra cortita en el entretiempo y otra al final. Cadena Nacional de jugadas maradonianas. Y a ver quién se atreve a criticar.

jueves 23 de octubre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes inflados.

En la casa de mi abuela, sobre la estufa a leña que nunca funcionó, dormían, encuadernados, varios años de la revista "Selecciones del Reader's digest". De vez en cuando despertaba un tomo gordo y pesado y leía, sobre todo, los chistes a pie de página y las viñetas.

A menudo recuerdo un chiste que leí en una de esas revistas hace ya unos cuantos años. Allí se ve a un hombre que está comprando algo en un puesto de comidas frente a la cárcel. Se nota claramente que este hombre había estado preso muchos años porque el vendedor le pregunta: ¿un peso por una torta con crema? ¿Pero de dónde ha salido usted?

Cada vez que aterrizo en Buenos Aires me siento como el preso del chiste; y no porque haya salido hace poco de la cárcel (tranquila, mamá). Me he quedado con los precios y también con los ingresos del 2000. Todo me parece caro. Extremadamente caro. Y sospecho que lo es.

martes 14 de octubre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes absolutamente superlativos.

Esta mañana abro el diario, leo una noticia, me giro y le digo a mi compañero camarógrafo: Salvatore, después de Federico Fellini, sos la persona que más ha hecho por el arte audiovisual italiano. Me miró, y sin sorprenderse, me agradeció replicando: Tiger Woods debería dar las gracias porque no te has dedicado profesionalmente al golf, ya que si así fuese, él sería el número dos. Y tan anchos nos quedamos.

Hablo por teléfono con un amigo y le digo: tus diseños son mejores que los de Santiago Calatrava. Cuando los presentes en público vas a pasar a la historia como un gran arquitecto. Después de agradecer mi halago, me confiesa que nunca antes había leído textos tan inteligentes y tan bien escritos como los de este blog. Y tan anchos nos quedamos.

Sigo pensando en la noticia que leí mientras voy al bar para comer algo. Termino el plato de pasta, me dirijo al cocinero y le digo: por algún motivo oscuro este bar no está en la Guía Michelín. Debería tener una calificación de al menos 5 tenedores. El chef dice gracias y comenta: nunca antes había visto a un cliente conocer tanto de vinos. ¿Es usted enólogo o acaso sommelier? Y tan anchos nos quedamos.

Vuelvo al trabajo y veo por televisión la noticia que había leído en el diario. Berlusconi, frente a un grupo de personas, habla de Bush mientras ambos intercambian miradas y sonrisas: será muy difícil encontrar otro hombre idealista y corajudo como nuestro George, dijo Silvio. Y tan anchos se quedaron.

martes 7 de octubre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes indiferentes.

Realmente no me interesa nada de lo que pueda pasar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Aunque sé que me afectará -mi ingenuidad se agota después de escuchar una declaración de amor eterno- creo que esta indiferencia se debe a la imposibilidad de intervenir para cambiar el resultado final.

Sospecho que es una venganza contra los estadounidenses. Sé -saben ya lo de mi escasa ingenuidad- que mi venganza termina ahí nomás; que es de vuelo corto y sin mayores pretensiones, pero no puedo evitarlo.

Cuando uno de los pocos norteamericanos registrados para votar llega a la cabina para elegir a su próximo presidente, piensa en él mismo y en su país (en el mejor de los casos). Nada le importa que su decisión afecte directamente al resto del mundo.

Un mundo que funcionaría bastante mejor -como muestra basta la crisis financiera, para no hablar de Afganistán o Irak- si Estados Unidos, por voluntad y decisión del resto del mundo (al menos de los poderosos), ocupara el lugar que debiera.

Pero como los hechos demuestran que el poder está en el norte de América, y aparentemente nada puede hacerse para cambiar esta situación, no me interesa ni el debate, ni las encuestas, ni el negro ni el viejo. Con indiferencia pago la indiferencia.

lunes 29 de septiembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes privatizados.

En mayor o menor medida -depende del momento-, el reconocimiento a Don Atahualpa Yupanqui es casi unánime. Autor esencial de nuestra música popular -como todo artista- logra describir con eficacia y eficiencia, las más variadas situaciones.

Si todavía viviera, se haría un festín. En sus últimos años vio cómo "ramal que para, ramal que cierra" y que "el Estado es un mal administrador". Hoy vería cómo se pide a gritos presencia y control públicos. Vería -no sé con qué reacción- cómo quienes se oponían a las privatizaciones, hoy se oponen a lo contrario. Más allá de las válidas razones -estas y aquellas, espero-, el hecho me resulta llamativo.

Vería también -"el mundo es un pañuelo" o "la aldea global", vean ustedes- cómo el Estado italiano vende su compañía aérea de bandera, pero no sin antes dividirla. Problema: el gobierno dividió en dos Alitalia. De un lado la parte que da pérdidas, del otro la que da ganancias. Pregunta: ¿qué parte vendió y con cuál se quedó?

Si estás leyendo este párrafo es porque el pequeño problema anterior ya fue resuelto. Pero lamento desilusionarte. Tanta velocidad carece de mérito porque esa pregunta ya fue respondida hace mucho tiempo: las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas, escribió Atahualpa Yupanqui. Y acertó.



nota: si alguien tiene ganas de reírse y entender por qué el gobierno de Estados Unidos intenta convertirse al Socialismo, puede ver este excelente video de dos humoristas ingleses (aquí está). Y por favor no lloren, que las penas y las vaquitas hace años que se van por la misma senda.

martes 23 de septiembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes azabaches.

Comentábamos con Javier el viejo chiste de los zapatos de charol que un pobre muchacho temió rajados durante un baile movidito. El tema surgió porque había salido a comprar un par de zapatos hacía unos días. Los más nuevos que tenía (prácticamente sin usar) eran de color caqui, y aunque él usó un adjetivo bastante más colorido y bastante menos delicado, serían demasiado vistosos para recorrer el camino hacia el altar.

Así que yo hoy también salí a mirar zapatos. Mirar, ese era mi único objetivo. No tenía la más mínima intención de comprar algo. Pero no he perdido la cordura. No me he dejado llevar por la vorágine consumista, por el despilfarro compulsivo. Lo mío tenía otra intención, más práctica, más concreta, más... más masculina, si se quiere.

Tengo un casamiento en estos días, y otro más tarde; y un par de zapatos nuevos. Nuevos porque prácticamente no están usados. Los compré hace diez años y ahí están, relucientes. Son negros, con cordones, y parece que a pesar del tiempo transcurrido, todavía siguen usándose.

Después de dar vueltas por algunas zapaterías -sin exagerar, porque soy hombre al fin- dos hechos tranquilizaron mis finanzas: la comprobación visual de que todavía se ven en las vidrieras, y la sentencia de mi compañera Mercedes -mujer al fin-, asegurando que mis veteranos zapatos aún son actuales.

Convencido entonces de que los clásicos nunca pasan de moda, listo estoy para darles lustre y dejarlos bien brillantes, espejados. No pretendo utilizarlos para emular el clásico chiste de los zapatos de charol, así que si advierto una mínima rajadura -o lo que sea- durante la fiesta, no tendré miedo alguno. Ya han dado lo que tenían que dar.

domingo 14 de septiembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes negacionistas.

Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que el pasado no existe. O cuanto menos, me parece que el pasado nunca queda atrás. Está aquí. Con nosotros. Ahora.

Leía que dos abuelas encontraron a su nieto después de buscarlo durante 30 años. Para la mayoría de nosotros, el 1978 es el pasado -para algunos, hasta es historia-, pero ¿de verdad lo es?

Soy como soy porque tuve un abuelo con cine y otro con panadería. Porque mi madre es maestra, y mi padre también -a cada uno lo suyo-. Porque jugué al fútbol y toqué el piano y el clarinete. Porque conservo los amigos desde que me acuerdo y porque he perdido otros, de los que también me acuerdo.

Soy lo que soy por todo lo que leí, pero sobre todo por lo que no leí. Soy así porque leo a Fontanarrosa, porque leí a Quino y su Mafalda, porque no escucho Radio10 salvo cuando está Dolina. Porque de fútbol sabe Víctor Hugo y no Recondo, porque El Gráfico llegaba a mi casa con mucho esfuerzo, pero lo devoraba con gran facilidad.

Soy, en definitiva, mi pasado. Soy, inevitablemente, este presente. Como el nieto de las abuelas. Esas que no podían dejar de recordar su pasado y que ahora, más que nunca, su ayer es hoy, y sobre todo, mañana.

lunes 8 de septiembre de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes exóticos.

La ausencia puede producir ansiedad. Cuando algo te falta, cuando estás lejos de alguien o cuando una cierta rutina se interrumpe, cuesta llenar el vacío que se produce.

Nada de esto ha sucedido -estoy plenamente seguro- con los lectores de esta poco útil página. Qué son 3 semanas sin publicar cuando existen textos infinitamente mejores para leer y comentar. Hay gente que vive de la escritura. Pues bien: a por ellos, amigos, que aquí escasean las ideas y las voluntades.

Tratando de rellenar el vacío -aunque sin ideas ni voluntad- estaba yo tomando mate en una oficina, cuando entra una estadounidense (americana, diría ella, apropiándose de un continente que la excede), y viendo la discreta calabaza -con su base de cuero y la bombilla de alpaca que se apoyaba en mi boca-, pregunta: "¿africanou?".

Dejaré de lado que en la puerta había un inmenso cartel que anunciaba nuestra procedencia, y aceptaré que se refería al mate, y no a mí. Así las cosas, su pregunta demuestra desconocimiento -que no juzgo, ¡faltaría más!- pero sobre todo deja en claro una cosa: la mayoría de la gente que vive en este planeta no tiene ni la más remota idea de Argentina y de sus costumbres. Me hace bien tener en cuenta este hecho. Ajusta, modera, equilibra.

martes 19 de agosto de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes épicos.

Hace poco terminó el partido que la selección olímpica le ganó 3 a 0 a Brasil. Fue un lindo partido de fútbol, por el juego y por el resultado; y por estas dos cosas estaba contento, pero abrí la página de Clarín y se me fue la alegría.

Ahí dice que "la Selección humilló a Brasil", recuerda otro enfrentamiento futbolístico de hace 18 años en el que el "héroe fue Caniggia" y reproduce unas declaraciones de Sergio Batista que muy sueltito dice: "con estos jugadores peleo en Irak".

El tono épico es una constante en las crónicas deportivas. No es nuevo ni desaparecerá, pero tal vez si las reacciones fuesen ligeramente más moderadas, cuando las cosas no salen bien, el sufrimiento (porque ahora sí que se goza) sería menor, arriesgo.

Y hablando de sufrimientos: ¿puede una persona sufrir tanto viendo un partido de fútbol? ¿Por qué tengo que estar 90 minutos aferrado a la silla, pidiendo que se termine cuando falta más de media hora? y sobre todo ¿por qué voy a levantarme -para sufrir todavía más- a las seis de la mañana para ver, simplemente, una final olímpica?

Ya sé por qué es. Es por el fútbol y porque el cani fue un héroe en el mundial de Italia y porque Brasil se fue humillado y porque con estos chicos yo también peleo, aunque por ahora, sólo en Pekín.


A propósito: ¿por qué decimos Nueva York y no New York, Londres y no London y Beijing, en lugar del Pekín de toda la vida?

lunes 4 de agosto de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes religiosos.

Mientras esperaba para tomar el tercer avión en menos de 15 horas, derrumbado sobre unas incómodas butacas y tratando de pasar el tiempo con los ojos cerrados, me sobresalté con unas voces cercanas. Un grupo de musulmanes, arrodillados en el piso y mirando a la Meca, rezaban y cantaban en la sala de embarque del aeropuerto, llena de gente que, no necesariamente, compartía su devoción. Eran más de 20 personas (algunas vestidas con túnicas blancas, lo que hacía más llamativa su presencia), y todos juntos se hacían notar.

Los demás pasajeros se miraban y poco entendían sobre lo que estaba sucediendo. Un lugar público -y laico, ¡faltaría más!- lleno de gente, estaba siendo apropiado por un grupo de personas que lo había transformado en su espacio privado. No está bien, ¿verdad?

Mientras esperaba para tomar el tercer avión en menos de 15 horas, derrumbado sobre unas incómodas butacas y tratando de pasar el tiempo con los ojos cerrados, me sobresalté con unas voces cercanas. Un grupo de católicos, de pie y formando un círculo, rezaban y cantaban en la sala de embarque del aeropuerto, llena de gente que, no necesariamente, compartía su devoción. Eran más de 20 personas (algunas vestidas de sacerdotes, lo que hacía más llamativa su presencia) , y todos juntos se hacían notar.

Podría también copiar tranquilamente el segundo párrafo sin cambiar palabra alguna y convencido de que los dos casos son iguales, salvo por un motivo: los musulmanes rezando y cantando en la sala de espera del aeropuerto de Singapur no existen.

Catorce días después, mientras esperábamos la hora del embarque para volver a casa, -menos cansados (el viaje todavía no había empezado) pero con más ganas de llegar-, un grupo de católicos españoles creyó mitigar la espera de todos los viajeros allí presentes con su canciones. Guitarra en mano cantaban motivos religiosos y bailaban, ocupando gran parte de la sala de espera, obligando al resto de los pasajeros a tomar caminos complicados para pasar por el lugar.

Un señor, con turbante y una larga barba blanca, se acercó a nosotros (tal vez porque vio nuestros ojos desencajados ante semejante muestra de soberbia y mala educación) para preguntarnos de dónde venían los cantores. Tuve ganas de responder "de occidente", casi para disculparme. Pero no lo hice. Tal vez algo ya esté cambiando, o al menos eso espero.

domingo 20 de julio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes humedecidos.

Es un tema del cual poco se habla aunque ya ha sido tratado por, al menos, dos de los más grandes filósofos de la Antigua Grecia.

El maestro, muy reacio a escribir -hombre memorioso si los había-, y su discípulo -gran previsor que confió en el papel más que en la memoria de sus pares- han pensado sobre el drama que azota a los hombres en algún momento de la jornada, sobre todo durante el día y fuera de casa.

Pasaron ya más de 2000 años y la solución definitiva no llega. Hemos aprendido gracias al mecanismo de ensayo y error, pero otros elementos entran en juego y en algunas ocasiones son determinantes.

Podría recurrirse a la frase "no es lo que parece", pero es poco creíble para explicar que las gotas que se adivinan en el pantalón luego de pasar por el baño, son producto de un salpicón mientras nos lavábamos las manos. Y además, nadie lo pregunta, por lo tanto se hace imposible fundamentar las causas de tan desgraciado evento.

Por eso queridos amigos, atentos hasta el final. No basta con alzar invictos el cierre o abrocharse sonrientes los botones del pantalón. Cuando el mecanismo para lavarse las manos es automático, y el agua sale gracias a un sensor de movimiento, el salpicón traicionero se esconde agazapado dentro de la canilla, pronto a llenar de líquido nuestra ropa y de vergüenza nuestra cara.

Pero si esto sucede, recordemos aliviados al dúo griego, que allá lejos, en Atenas, cuna de nuestra civilización, había entendido todo. Por lo tanto, a la primera mirada inquisitoria, tranquilamente responderemos, con altura y saber filosófico, que "ya lo dijo Sócrates y lo escribió Platón, la última gota queda en el pantalón".

sábado 19 de julio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes turísticos.

Casi como defendiéndome, trato de explicar que cuando viajo por trabajo, lo que fundamentalmente hago es trabajar. Obviamente no estoy ocupado 15 horas por día, aunque algunas jornadas sean bastante largas.

Lo primero que me ha llamado la atención de Sydney es que la gente vive bien. Largo y subjetivo sería llegar a una definición sobre qué es vivir bien, pero creo que la tranquilidad, los espacios públicos, los campos deportivos llenos de personas practicando todo tipo de deportes (el fútbol también, pero de verdad que lo juegan mal) y la gente paseando sin mayores pretensiones, se acercan bastante a la idea de bienestar. Todo esto se ve por aquí.

Pero también hay mar, y hay mariscos. Y hoy es sábado, y también hay un sol que invita al paseo. Y ahí estábamos en el mercado del pescado, eligiendo a dedo una gran variedad de mariscos -para comerlos más frescos habría que hacerlo en un bote, en el medio del pacífico- y brindando como corresponde. Volvimos al trabajo con una bolsa cargada de bienestar.

Hace unos días hice de turista. No podía perderme la reserva de vida silvestre australiana, en donde se puede ver toda la fauna del país. Y sí, los koalas son como parecen: una dulzura. Dan ganas de abrazarlos y llevarse uno para la casa, pero no se puede. Quedan pocos. Ciertas especies silvestres tienen grandes dificultades para reproducirse en algunos lugares del planeta, en otros, no tanto.

Después de ver koalas (y canguros, como no podía ser de otra manera) me dieron muchas ganas de hacer un safari fotográfico por África. Será para otra ocasión. Los leones, jirafas, tigres y gorilas, tendrán que esperar. Bueno, tal vez no tanto. En Buenos Aires hay un lindo zoológico... aunque tal vez ni haga falta entrar.

viernes 11 de julio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes pacíficos.

Cuando éramos chicos esperábamos con ansias el cumpleaños de Esteban. Después de comer la pizza cuadrada de Ofelia, José proyectaba en super 8 los grandes éxitos de Disney.

Ya más grandes, la expectativa estaba en el cumpleaños de Luis Eduardo. Ahí vimos por primera vez "Tora Tora Tora", una gran película de guerra de los años '70 que cuenta la historia del ataque por sorpresa de la aviación japonesa a la flota americana del pacífico. Para los orientales fue el 8 de diciembre de 1941, pero para los norteamericanos, un día antes, el siete.

Este año, por primera vez, festejé mi cumpleaños en el pacífico. No dejo de preguntarme qué día fue que cumplí los años esta vez. No sé si fue el 9 o el 10, o tal vez el 8. Sé que que nací un nueve de julio, pero ¿cuál es la referencia geográfica y temporal para determinarlo?

Nadie se atrevía, desde las pampas, a desearme un feliz cumpleaños a las once de la mañana del ocho de julio, y con una rara sensación recibí felicitaciones el 10 de julio cuando recién había terminado de desayunar, pleno feriado en Argentina. Así las cosas, parece que este año envejecí antes. No sé cuánto antes, pero lo que sí sé -siguiendo este forzado razonamiento- es que dentro de unos días tendré 13 horas menos, cuando llegue a Buenos Aires.

La película que veíamos casi todos los años tenía un subtítulo que ayudaba a descifrar el código secreto japonés. Tora Tora Tora, éxito en el ataque por sorpresa, decía. No pretendo sorprender, pero igual me siento como un general japonés preparando el ataque a Pearl Harbor. El éxito nunca -siempre- está asegurado, pero por las dudas preparen los portaaviones que estoy por aterrizar.

martes 1 de julio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes aromáticos.

Hay un libro infantil que recuerdo con mucho gusto. Se llama "El cazador de aromas". Seguramente la compra fue tan casual como causal sería -más tarde- su lectura. En ese libro queda clara la importancia de cada uno de los trabajos, y sobre todo, la necesidad de perseverar para encontrar el propio destino, o casi.

Es la historia de un chico de olfato exagerado que pretende trabajar, justamente, como cazador de aromas. Demás está decir que nadie reconocía la importancia (y la utilidad) de su talento, pero él insistía sin perder el ánimo. Un día, desde su cama, percibe un olor a humo que nadie notaba, y llama a los bomberos. Con su ayuda llegan al foco del incendio y lo apagan. Desde ese día comienza a trabajar con gran éxito en el cuartel de bomberos de la ciudad.

Y aunque no me siento un cazador de aromas -porque herramienta para hacerlo tendría, queriendo- veo con pena que el pragmatismo se ha convertido en la única estrella. Las pasiones dejan lugar a las Acciones, las canciones a las Obligaciones y los cazadores de aromas ya no tienen lugar, salvo que puedan sentir rápidamente el olor a verde americano. Ahí sí.

martes 24 de junio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes con confianza.

Me resulta difícil escribir cuando no me pasan cosas. Hacía una semana que no escribía nada, y no sé si es bueno o malo -que no me hayan pasado cosas, digo, porque convencido estoy de que si no escribo, el mundo sigue muy tranquilo-. Vivo días muy calmos y tal vez esto sea hasta bueno.

Por eso hoy, con total normalidad, fui al supermercado porque lo único que había en mi heladera era un poco de eco. Cargué el carrito con muchas cosas innecesarias, pocas esenciales y me fui a la caja.

Pero ahí no había una cajera que se dedicaba sólo a cobrar. Demasiado divertida para ser una actriz del neorrealismo italiano (aunque por genio y figura hubiese calzado a la perfección), y exageradamente fantástica para colarse en alguna película de Federico Fellini.

Pensé que conocía a la pareja que estaba delante de mí cuando se opuso, con firmeza, a que llamaran "Rodrigo" al hijo que la mujer estaba por parir. No me llamó demasiado la atención cuando abrió el detergente que yo había comprado para sentirle el olor -que tampoco le gustó- . Pero llegó a su punto más alto mientras yo terminaba de llenar las bolsas para meterlas en el carro.

-¿Cómo lo prepara el pescado?- le preguntó a la mujer que esperaba su turno mientras tomaba el paquete de la pescadería para pasarlo por la lectora del código de barras. La mujer sorprendida dio una explicación rápida pero no, nuestra cajera no estaba conforme.

Me alejé de la caja mientras le decía que no, que no hacía falta ponerle mucho aceite porque "cubría el gusto del pescado", y que la pimienta tenia que ser negra, recién molida. Para ese momento, la cola ya tenía 15 personas esperando, pero no importaba porque con 20 minutos en el horno, el pescado estaría listo.

lunes 16 de junio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes sugestionados.

La sabiduría oriental viaja con viento en popa en occidente. La autoayuda ha dejado paso a las medicinas naturales y todo lo que es natural, es bueno.

Repitiendo frases bonitas aseguramos -sin pudor- que la energía hay que encauzarla, que la acupuntura en la oreja te quita el dolor de cintura y que la presión justa en el brazo izquierdo es una maravilla para los cálculos renales.

Si un oriental (de Japón, por ejemplo, no del Uruguay, porque ahí el efecto sería otro), mirando las copas de los árboles, dice: "el viento que llega de lejanos y norteños parajes, trae consigo energía negativa que provoca alteraciones nerviosas en nuestro interior", aceptamos asombrados su verdad. Es notable ver cuánto despliegue de talento para afirmar de qué lugar sopla el viento de los locos.

Enfrento una sesión de masajes orientales con un alto grado de sugestión. Estoy convencido de que con su gran sabiduría les basta verme, para saber qué parte del cuerpo me duele; y supongo que cuando me dan la mano, ya conocen las causas de mi dolor.

Por eso cuando el otro día, mientras estaba haciéndome masajes faciales, la china de turno me preguntó si tenía problemas de vista, enseguida pensé que había notado un cierto cansancio en mis ojos, tensión ocular o energía mal encauzada.

Es increible el conocimiento ancestral que llega desde oriente. -Se te nota la marca de los anteojos en la nariz- me dijo, demostrando una vez más, que el saber milenario ha desembarcado con fuerza entre nosotros.

jueves 12 de junio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes franceses.

Me gusta ver películas que ya vi. No las veo enteras. Si me encuentro con una, me quedo un rato mirándola hasta que cambio, y sigo con otra cosa. Anoche puse el DVD de "Esperando la Carroza", y volví a ver algunos fragmentos.

Había leído en los diarios sobre una noche francesa con final infeliz, y me acordé de la escena de Luis Brandoni, cuando vuelve de la casa de su hermana pobre, con una empanada a medio terminar.

Un grupo de argentinos estaba cenando en París. Habían viajado a Francia para ver el torneo de tenis de Roland Garros. Una gran elección, porque es un torneo muy importante y se ve el mejor tenis del mundo.

Pero mientras cenaban, entró al restaurante el joven ex ministro de economía de Argentina, y eso no les gustó, porque es -así le gritaron- "uno de los que está destruyendo al país". Sí, puede ser; o no, tal vez no. No lo sé.

Es una gran película "Esperando la carroza". Antonio Gasalla y su mamá Cora, Bettiana Blum con su personaje, el de toda la vida, Julio de Grazia y su tristeza, China Zorrilla -su nombre alcanza- y Luis Brandoni, con su "¡qué miseria, che! Tres empanadas para dos personas".

lunes 9 de junio de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes embanderados.

Vuelvo al tema de la patria. No sé si lo hago para justificarme o para justificar ciertos comportamientos que, me parece, son más reaccionarios que patrióticos. Huelen mal aunque lo escondan. Lo saben, lo sabemos. Aunque se oculten detrás de una bandera. Pero no es sobre la intolerancia que quería pensar, sino sobre la identidad.

La semana pasada, en una cena muy divertida, una auténtica madrileña pudo comprobar -creo yo- el patriotismo rioplatense, o lo que es igual, la pertenencia a una cultura, a una sociedad. Porque la patria -me atrevo- no es sólo la tierra. La patria es, fundamentalmente, la gente.

Compartir el presente es sencillo. Es suficiente pasar un rato juntos y con eso alcanza. Pero quienes comparten el pasado corren con ventaja. El hoy es marginal. Basta una mirada, una palabra, y la reacción es la esperada. El ayer es difícil de igualar.

En esa cena no sé si "hicimos patria". No sé ni siquiera qué significa. No sé si alguien, de verdad, hace algo directamente por la patria. No sé si alguien lo habrá hecho alguna vez. Muchos pelearon por sus ideales cuando todavía no existían los colores. En lindo brete se encontrarían nuestros líderes actuales, sin escudos, sin símbolos, sin banderas que oculten la carencia más absoluta de sentido patriótico, ese mismo que dicen defender.

viernes 30 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes solidarios.

No quisiera estar en el lugar de los autores de canciones de amor. No puede ser que sientan todo lo que dicen sentir por la misma mujer. Y cuando me resisto a ocupar su lugar, no lo hago porque no pueda acumular sentimientos por una sola mujer. Lo que no quiero es estar en su lugar cuando sus canciones salen a la luz.

Me imagino la escena -no sin cierto machismo- después del concierto. El cantautor enamorado abre la puerta de su casa y encuentra a su mujer, impaciente, con los brazos cruzados y los dientes apretados esperando, ansiosa, una explicación. Nunca tuvo "un sombrerito pobre y el tapado marrón", y sobre todo, ella no se llama María. Cátulo le habrá echado la culpa a Aníbal, sin dudas.

Cuando Serrat le canta a Lucía y a "la más bella historia de amor" que tuvo y tendrá, me pregunto si su mujer se llamará Lucía o habrá aceptado la licencia poética. O tal vez, el catalán viva ahora con Lucía, su vecina. Jaime Dávalos se la habrá visto dura para explicarle a su mujer que cuando escribió la Tonada del viejo amor, estaba pensando en ella, aunque nunca la haya visto "sonreír frente a la espuma".

De todas formas siempre es más fácil explicar la poesía que un simple -aunque tecnológico y certero- mensaje de texto, ese que llega a la peor hora, en el peor momento y en el peor lugar.

lunes 26 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes coloridos.

Tiene que ser así, nomás. No pueden estar equivocados todos los que piensan distinto. ¿O será que hay más de una verdad? Hablaba con Javier y me decía que cuando dos verdades son tan distintas, tan alejadas una de otra, diametralmente opuestas, nadie tiene plena razón. Creo que en este caso, él si la tiene.

Me gusta mucho la música popular, bastante menos su ostentación. El folclore de un país es reflejo y, al mismo tiempo, modelador de una sociedad, de cada sociedad. Pero un patriota norteamericano ¿está obligado a comprarse toda la colección de música country existente en el mercado? ¿Un señor de Andalucía es menos andaluz si no tiene un disco de flamenco en su casa? Y este mismo señor, ¿atenta contra la identidad española si le gusta la música francesa? A juzgar por ciertos tonos, y cierta equiparación entre la música folclórica y la patria, sí.

Con la forma de vestirse pasa lo mismo, sobre todo con los accesorios. Y es aquí donde creo que mi visión es equivocada, sobre todo si se tiene en cuenta a la mayoría. Como en el neoliberalismo más salvaje, quien tiene, es. Quien no tiene, no es.

Y entonces ahí estaba yo, ayer domingo, buscando algo celeste y blanco que me convirtiera en patriota, al menos una vez al año. Y no lo encontré. Una pena, la verdad, porque pareciera que con esos colores al cuello, la cosa está hecha. ¡Viva la Patria!

viernes 23 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes globales.

Aunque sin obligación alguna, pido perdón por mi ausencia en esta página; pero es que estuve comiendo. Sí, porque si bien el viaje a Palermo, y el sorpresivo e inmediato salto a Nápoles fueron por trabajo, lo que me queda en la memoria es la comida.

Y con un poco de verguenza tengo que reconocer que es siempre así. Volvería a Córdoba sólo para comer chivito al asador, o a Tucumán y Salta para disfrutar de las empanadas de carne y del excelente vino salteño (con menos prensa que los mendocinos, pero de gran calidad).

Y si pudiera elegir, la cerveza sería siempre de la República Checa; y el jamón crudo, el de pata negra español. La pizza de la última noche en Nápoles, la margherita, la de tomate, mozzarella de bufala y albahaca, ella sola vale un viaje. Los spaghetti con sardinas, frente al mar siciliano, funcionan como un imán: para mí Sicilia es, por belleza y por raíces, un lugar maravilloso.

Y por raíces y por bellezas varias, vuelvo cada vez que puedo -y menos de lo que quisiera- a Argentina. Y aunque recorrer la ruta 5 le hace creer a uno que siempre está en el mismo lugar aun después de recorrer cientos de kilómetros, sólo pensar en el asado al mediodía, con el sol del invierno que te entrecierra los ojos, sólo eso, también vale un viaje. Buen provecho.

martes 13 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes de artistas.

Debe de haber pocos -muy pocos- momentos en los que pierdo completamente la razón. Este es uno. Estoy emocionado, tal vez mucho más que las 52.000 personas que están en el estadio Olímpico de Roma viendo un partido de fútbol entre cantantes y actores.

El fútbol ya no me emociona demasiado. Los actores y cantantes bastante más. Pero hay un gran artista en la cancha. Y los artistas maravillosos como él, logran atravesar su tiempo y el tiempo, convirtiéndose en inmortales.

Por eso, cuando llegó el momento del penal, quién otro podía tirarlo sino él. Es como si alguien tiene un techo para pintar y ve a Miguel Ángel con un pincel en la mano. Es imposible decirle que no. O estamos tocando con Los Carpinteros en el Club Huracán y se acerca Plácido Domingo a preguntarnos si puede cantar algo. Si es "una que sepamos todos", sin duda se subiría al escenario.

Por eso el árbitro le dio la pelota. Y él la colocó en el punto justo, tomó carrera y empezó el show. La "soltó como una lágrima" diría Víctor Hugo en la cancha de Boca, allá por el 1981; y la imagen que nos muestra la televisión, fue como la de aquel día. Es siempre igual, siempre la misma, eterna, inmortal. Como Diego Maradona.

viernes 9 de mayo de 2008

Apuntes. Uno, dossss, tressss, prueba... ssssí. Despuntes. Sssí. Pespuntes. Sssí.

Esto es una prueba. Con honestidad bloguera (¡qué palabrón!) llegaré hasta donde pueda, y si me quedo a mitad de una palabra, así será. No sé sobre qué escribir, y me encuentro con la pantalla casi en blanco, tanto como el cerebro, pero que ya empieza a funcionar.

La experiencia es tratar de llegar a algo desde la nada. Buscar un cierre para un texto carente de inicio es un gran desafío, y por ahora, el final no se perfila.

Parece fácil llenar una página con nada, aunque aquí se presenta el primer desafío. Desafío que ya han afrontado muchos, varios, casi todos: la nada no existe. Por lo tanto alguna idea tendré escondida, y ya saldrá.

Y sigue sin salir. Paciencia. Trabajo. Y más paciencia.

Con una página vacía cualquier cosa que escriba ya será algo. Pero qué escribir y cómo hacerlo son dos preguntas tremendas, martirizadoras. El miedo al bloqueo mental me invade, pero no logro combatirlo. Porque para combatirlo tendría que hablar, soltarme, dejárme llevar.

Pero vivo haciendo equilibrio entre decir o no decir, y siempre pierdo el momento justo para confesar -en directo y sin intermediarios- mis sentimientos. Y otra vez el momento pasó. Paciencia. ¿A ustedes se les han pasado muchos momentos?


martes 6 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes descriptivos (y de los otros).

Es interesante -me parece- ver cómo ideas tan claras pueden terminar confundiéndose y confundiendo. Poco a poco, después de atravesar filtros más o menos cargados de sentido, la descripción de una situación puede convertirse, con el paso del tiempo, en un modelo a seguir. En un mal modelo a seguir.

Con un coraje basado, fundamentalmente, en la ignorancia, me indigno leyendo los consejos de un viejo que sólo los daba después de unos cuantos vinos: "Hacéte amigo del juez/(...) pues siempre es bueno tener/un palenque ande ir a rascarse", aleccionaba a nuestro más famoso y solitario gaucho pendenciero.

Nada más destructivo. Nada peor que los consejos del Viejo Vizcacha, pero ahí están en el Martín Fierro. Y aunque me niego a pensar que José Hernández haya querido convencernos de la sabiduría Vizcachera, la interpretación posterior de sus versos demasiado daño ha hecho. Demasiado.

Enrique Santos Discépolo tenía una gran facilidad para escribir, pero sobre todo, gran facilidad para convertirse en juez. Más allá de este pequeño detalle de arrogancia artística, en su Cambalache se refleja una crítica feroz a los modos y costumbres del siglo XX.

¿De verdad es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros? No me siento un gil ni creo que nadie se sienta un gil porque no roba. Discepolo no aconsejaba, sólo describía; pero es más fácil escudarse detrás de Cambalache, que aceptar una dura realidad: la Biblia y el calefón han logrado convivir con extrema naturalidad. ¡Chán! ¡Chán!

jueves 1 de mayo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes per tutti.

Finalmente pasaron las elecciones. Todas las que estaban pendientes (nacionales, regionales y locales). La segunda vuelta también. Ya está. Listo. Ahora los ganadores -de diferentes partidos políticos- afirman que van a gobernar "per tutti". Y cuando dicen "para todos" se les rebalsa la boca de democracia. Pensemos.

¿Es necesario que el ganador de una elección aclare que será el presidente de todos? ¿Alguien puede tener alguna duda de que el vencedor de unos comicios realizados en un país libre, con una democracia que más o menos funciona, no gobernará para todos? Pareciera que cuanto más se aclara, más se oscurece.

Pero ¿qué querrán decir nuestros líderes con esa gran declaración de intenciones, con ese bonito "para todos"? Supongo -me empecino- que ejercerán su mandato teniendo en cuenta, también, a quienes no los votaron, a la minoría que apoyó a otros candidatos, otros programas; y todavía más: a todos los que tienen otra idea de país, otra idea de sociedad.

Supongo mal, seguramente. Las experiencias de gobierno y oposición me llaman al realismo más pesimista. Las políticas "para todos" se parecen mucho a los capitalistas más fanáticos, que bregan por la competencia porque favorece el mercado y, al mismo tiempo, luchan para monopolizarlo. Saludos para todos.

domingo 27 de abril de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes musicalizados.

Como idea no era mala, y se estaba desarrollando con cierta previsibilidad. La estaba pasando bien, charlaba, comentaba superficialidades y de vez en cuando algún bolo caía.

Lo que estaba haciendo no era jugar al bowling, era tirar una bola grande y colorada para adelante, con el inconfesado temor de que un dedo se me quedara enganchado en los agujeros que tiene para agarrarla, y tuviese que acompañar -contra mi voluntad- el pesado esférico con rumbo incierto.

Y como éramos unos cuantos, entre turno y turno se comentaba el éxito del tiro o lo bien que sienta una cerveza fría. Hasta que alguien decidió que la diversión era otra cosa; que lo que estábamos haciendo hasta ahora poco tenía que ver con divertirse. Y entonces la música subió de volumen, las luces se apagaron y los efectos luminosos se apoderaron del lugar.

Basta. Se terminó. Nadie entendía nada. Nos preguntábamos al oído si por algún lado habría una pista de baile -a la que no hubiese ido con el sólo objetivo de bailar, reafirmo-, o si ese lugar se convertiría en discoteca -cosa que no ocurrió-. Rendidos y sin respuestas comenzamos a comunicarnos con gestos, levantando las manos y respondiendo que sí a preguntas que jamás escuchamos.

Necesito saber por qué. No quiero respuestas empíricas: la normalidad no es un fundamento válido para convencerme de que la música alta y los efectos luminosos son condiciones esenciales para que se desencadene la diversión, ¿o sí?. Y como un strike es demasiado, saludo hasta el próximo spare.

sábado 19 de abril de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes bailarines.

Y empieza la música... y se mueven los pies, y escucho el bajo, y me gusta. Y es verano y veo a uno bailar descontrolado, con la camisa pegada al cuerpo, y mojada. Y sigo sin entender por qué ese hombre está haciendo eso. Me pregunto si tendrá un fin superior o todo termina ahí, en esa diversión ostentosa, que me suena a falsa y que seguramente no lo es.

Me interrogo porque no concibo el baile como un fin. No me gusta bailar y si quisiera divertirme, algo que no debería hacer es justamente eso, bailar. Esta afirmación no es del todo cierta, porque si bien para pasarla bien -y eso es la diversión, creo yo- dejarse los pies en una pista no es la única posibilidad, a veces ayuda.

Entonces, si lo que quiero es divertirme, y para hacerlo me veo en la obligación de bailar unos minutos (que pueden ser hasta 12o, si el objetivo lo justifica), pues ahí me tendrán, oscilando sin gracia pero con cortesía.

Claro ha quedado -espero- que el baile es para mí un medio en pos de un fin superior. Una herramienta a utilizar cuando casi todo está perdido, cuando es la última opción y ya todo ha fallado. Y sin temor a equivocarme -como ya he dicho otras veces, me sobra ignorancia pero no miedo- me atrevo a arriesgar que eso le sucede a la gran mayoría de los hombres.

No es maldad. No es fijación. No es -digámoslo- machismo. El baile nos parece una pérdida de tiempo, un desgaste energético inútil cuando las cartas ya están echadas; pero sabemos que no es así para nuestras deseadas compañeras de ruta. Y en un gran esfuerzo físico y mental, hago una pausa y, gentilmente, pregunto: ¿bailamos? Hasta la próxima pieza.

sábado 12 de abril de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes posteriores.

Sentados bajo el sol de un otoño porteño, hace algún tiempo, elaboramos -esbozamos, sería más correcto- con el colega Diego Torres (quien me ha escuchado entonar sabe que no hablo del cantante) una nueva Teoría de la relatividad. Siempre física, pero a diferencia de la revolucionaria fórmula de Einstein, una física -si se quiere- más cercana a la anatomía.

Mientras una compañera se alejaba caminando lentamente, con Diego concluimos que "existe una estrecha relación entre el trasero de la mujer y la barriga del hombre, entre el gusto y la exigencia y sus cambios relativos".

Teoría totalmente empírica, ciertamente, pero no por eso menos respetable. Las pruebas fueron visuales y táctiles. Más visuales que táctiles y, generalmente, alternativas. Pocas veces -hay que decirlo- han ido de la mano ambas constataciones. Hemos visto muchas mujeres alejarse; y alejadas de gimnasios, hemos palpado -no sin resignación- nuestras barrigas carentes de abdominales.

Cambiamos con el paso del tiempo. Nos transformamos. Cambia también el sistema de referencia, y conjuntamente lo hace nuestro nivel de exigencia. Una barriga incipiente sólo puede, sin exagerar, aspirar o pretender un trasero que remita a un pasado radiante. Es -me atrevo- casi inmoral exigir en el otro lo que uno no puede ofrecer.

En un ataque antimachista -¿sorprendidas?- reclamo justicia de género. Señores: no nos dejemos llevar por gustos pasados, por adolescentes recuerdos perdidos en un ayer casi glorioso. Nuestros cinturones son hoy más largos que hace unos años. ¿Podemos honestamente pretender sólidas retaguardias femeninas sin ser conscientes de nuestra desmedida exigencia?

martes 8 de abril de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes relajados.

Semanalmente –desde hace algún tiempo- me regalo una hora de placer. Con velocidad aclararé a qué me refiero, para evitar malentendidos y taquicardias inútiles.

Una amiga -y menos mal que pensaba aclarar- abrió un centro en el que hacen masajes chinos. Y allí voy bastante seguido para dejar dolores y llevarme placer. Aunque al principio -debo confesar- el temor se apoderó de mi.

Boca abajo, con medio trasero en vista y el chino (de ojos rasgados y con el dinástico nombre de Luigi, que suena oriental pero fue elegido por él cuando llegó a Italia) encima de mí, con su manos apoyadas en la camilla (una a cada lado de mi cabeza) y sus rodillas –sin malentendidos, gracias- en mi cintura y bajando, comencé a preguntarme para qué estaba ahí.

Cuando me vestía para irme -invicto y relajado- pensaba por qué no. Cuál era el impedimento para no hacerlo, para no pasar una hora conmigo (y con un chino en mis espaldas). ¿Qué otra cosa mejor tenía para hacer que no fuese disfrutar de lo que me hace bien?

No sé el motivo. Tal vez sea por nuestra cultura, donde sin sacrificio pareciera que no hay premio, donde siempre hay que esperar el momento justo para disfrutar. Nunca es ahora. Siempre es después.

No hace falta que llegue el sábado para juntarse con los amigos, no hace falta que sea domingo para usar el pantalón nuevo, no hace falta sufrir antes para disfrutar luego. El cielo está en la tierra, acá nomás, cerca de nosotros, ¿vamos?

lunes 31 de marzo de 2008

Apuntes, despuntes y encrucijados pespuntes.

El mundo puede ser mirado desde varios puntos de vista. Indudablemente el resultado de las distintas miradas será diferente, justo o equivocado, pero diferente. Un mismo hecho, así las cosas, puede ser vivido como positivo o negativo.

Y fue entonces que salí a dar una vuelta en moto. El día no era de los mejores, pero no llovía (y en este invierno romano que no quiere despedirse, era ya tanto). No salí a pasear. Tenía que ver a una persona y allí fui, siguiendo un camino que había hecho sólo una vez, 3 años atrás, y llegué bien.

Cuando decidí volver, el camino era el mismo, pero distinto. El punto de vista había cambiado, y frente a dos opciones, me decidí por una. Confirmando una vez más que la derecha no siempre es la opción correcta, tomé un camino desconocido y equivocado. Y aquí otra vez el punto de vista puede cambiar la percepción.

Nada tenía para hacer, así que decidí perderme, dejarme llevar. Disfrutaba del camino, ondulado, colinar, con viñedos a los lados y sin tráfico. No había un alma por el feriado y esto ayudaba a que la estuviera pasando muy bien. Salvo porque caía la tarde y el frío comenzaba a sentirse.

Y la percepción cambió. Soy un idiota. Otra vez me perdí -repetía cada dos kilómetros- y este camino tan ondulado es peligroso. Con los viñedos tan cerca, temía terminar entre las uvas con la moto de sombrero. Y para colmo no había un alma para preguntar por el camino correcto. Después de 30 kilómetros estaba en el lugar de partida, en un punto de vista que ya conocía, y tenía que empezar de nuevo.

Esta vez la elección fue justa. En el cruce elegí bien -equivocarme dos veces en la misma elección sería imperdonable- y a mi derecha quedó el camino que se insinuaba correcto, pero no lo era. Hasta el próximo paseo.

miércoles 26 de marzo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes de... sangre.

En 1987 me regalaron un libro que tardé casi 20 años en leer (tardé en empezarlo, por suerte leerlo me llevó un poco menos). Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Una obra futurista que –a este paso- se convertirá en un libro de historia. Ya en el 1958 el escritor norteamericano presagiaba pantallas planas colgadas de la pared, televisión interactiva y bomberos que no apagaban el fuego. Lo encendían para quemar libros.

En la contratapa de la edición que me regalaron cuando terminé la escuela primaria (que todavía conserva la dedicatoria que con mucho gusto leo cada vez que lo abro), Bradbury comenta sorprendido una escena que vio poco después de publicar su libro. Una pareja caminaba de noche por una calle. Él paseaba un perro. La mujer tenía una radio pequeña en su mano, y con un audífono escuchaba sólo ella, concentrada en voces lejanas, aislada de su marido y de su perro. Paseaban juntos. Paseaban separados.

Caminando por la calle, varias veces me detengo para observar a alguna persona que, moviéndose sin parar, habla sola mientras gesticula efusivamente. No sin alivio descubro que el buen señor no ha perdido sus cabales, sino que en muchos casos, la gente lleva un auricular sin cables (supongo que Ray ya se lo habría imaginado), y sus gestos y sonidos tienen un destinatario que está lejos, al otro lado de la línea telefónica.

Pero ante tanta tecnología, una retórica sospecha me asalta: ¿los teléfonos celulares tienen baterías o se alimentan con el movimiento? A veces me pregunto si necesitarán de la tracción a sangre para funcionar. ¿Por qué cada vez que respondemos una llamada nos levantamos y empezamos a caminar sin pausa? ¿Es que no funciona si nos quedamos quietos? Ahora tendré que dejarlos. Me voy a dar un paseo. Debo hacer una llamada y ando escaso de batería. Hasta la próxima.

viernes 21 de marzo de 2008

Apuntes, despuntes y argentinisimos pespuntes.

Dentro del espectáculo hay un género –por llamarlo de algún modo- muy particular, y que me divierte mucho: la animación de festivales folclóricos. Si un locutor quiere mantener la tensión, generar aplausos y hacer trabajar la cantina, debe (y no es una opción) seguir ciertas normas no escritas, aunque tan sólidas como repetitivas.

El traje será de color gris, y si hace frío, el poncho –cubriendo un solo hombro- de color marrón. Hasta ahí no hay dificultad alguna. Lo lindo (y lo difícil) está en el discurso, en la forma, en el tono. Quien haya visto un festival cualquiera, en cualquier lugar, de cualquier dimensión, sabe de lo que hablo.

El llamado a la tierra con voz rasgada, el brazo tendido, la mano tensa mirando al cielo y una guitarra que acompaña con una milonga bien triste, son elementos esenciales para despertar la emoción festivalera.

Y es por eso mis queridos amigos, que esta noche, bajo la melancólica luna que nos ilumina, compañera de soledades; desde este auténtico espacio telúrico, lugar criollo donde se enlazan la argentinidad y el arraigo a nuestra profunda cultura gaucha… lugar donde los oídos descubren el sonido de las cuerdas de una guitarra que llora una milonga… el lugar donde se desgarra nuestro llanto, llanto que llega desde lo más hondo de nuestros patrios corazones… corazones que llevan a cada uno de nuestros paisanos un mensaje que se hace carne remolineando en cada fogón, en cada lugar de nuestro amado país, en cada rincón de nuestra querida República Argenti… perdón. Perdí el norte. Hasta la próxima.

lunes 17 de marzo de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes aparentes.

No necesito parecer porque me basta con ser. Pero hoy -también- parecía. Sentado con el mate, el bandoneón, y con la partitura de "La última curda" en el atril, me faltaba la camiseta de Boca y el pasaporte azul entre los dientes para que no quedara duda alguna de mi nacionalidad.

No dudo sobre mi origen y no necesito demostrar de dónde soy. Tal vez por eso me sorprende ver cierta tendencia a una exagerada demostración de argentinismo en el exterior, a una colorida reafirmación nacionalista sostenida por el celeste y blanco de la selección. Es una escena típica en las salas de espera de los aeropuertos. Sin motivo aparente, algunas personas viajan con la camiseta argentina bien calzada. Como si para ser, hubiera que -sí o sí- parecer.

Pero también son varios los argentinos (y tal vez no los únicos) que suben al avión con la camiseta de clubes de fútbol europeos. He visto muchos chicos -adolescentes, eso sí- con los colores del Barcelona, por ejemplo. ¿Es -me pregunto porque no lo sé- una moda? ¿Una forma de demostrar de qué lugar llegan? ¿O un modo para declarar de dónde son ahora?

Estas cortas vacaciones -de ahí la ausencia en esta página- fueron excelentes. Vuelvo con un agradable peso sobre mis espaldas: Javier me pidió que sea su cómplice (frente a su futura esposa utilizaría -seguramente- el término "testigo") y, lógicamente, acepté. No podía negarme -porque no quería- después de haber caminado juntos durante treinta años sin separarnos nunca (no hace falta verse para sentirse). Somos amigos, y parecemos. Hasta la próxima.

domingo 24 de febrero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes casi existenciales.

La vida -lo sabemos- nos enfrenta a diferentes encrucijadas. Estamos obligados a decidir diariamente qué camino tomar, qué dirección seguir.

Cada uno, dentro de sus posibilidades, hace lo que puede, y cómo puede. A veces es difícil volver atrás. El error ya fue cometido y sólo resta seguir adelante. Otras no tanto, y empezar de nuevo no es una tarea imposible.

Hay momentos en que nos vemos obligados a tomar una decisión en pocos instantes. Me sucede, por ejemplo, cuando voy al banco, aunque no sólo ahí se me presenta el problema. Una decisión equivocada cuando estoy por entrar, puede ser fatal, porque del ridículo cuesta volver.

La elección es siempre repentina, y debe ser tomada al ritmo de nuestros pasos. Si no somos rápidos el resultado final es sólo uno: de bruces contra el cristal. Como un Hamlet frente a su dilema, así me siento yo frente a la puerta: push o pull, empujo o tiro, esa es la cuestión. Hasta la próxima.

lunes 18 de febrero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes de... regalos.

Hay un aspecto -otro- que diferencia al hombre de la mujer; y que produce serias discusiones y profundos desencuentros: las compras y los regalos. Hablaré por mí aunque espero que mi descripción sea -la modestia salió de paseo y ya volverá- lo suficientemente universal.

Lo primero que debería decir es que no me gusta salir de compras. No está entre las actividades que prefiero para mis horas de ocio. Es siempre una necesidad. No disfruto mirando vidrieras sin sentido (y sin dinero, casi siempre). Si necesito una camisa, voy a comprar una camisa; y ahí se termina el paseo.

Todo lo que compro para regalar me parece feo, inadecuado por exceso o por defecto, equivocado. Veo en la vidriera algo que me parece lindo. Entro, lo miro de cerca y las dudas me invaden, y ahí se queda. Y así pasan las horas y los días, demorando el fatídico momento de empaquetar un regalo que no me convence en absoluto. Afortunadamente uno hace regalos para la gente que quiere, y las reacciones (reales o no) son siempre positivas.

Por ejemplo, a las madres les gustan todos los regalos de sus hijos. Si regalamos un cuadro, exclamarán: ¡qué hermoso! Justo estaba pensando en poner algo en la pared del comedor... ¡está tan vacía! Si lo que regalamos es una lámina, la reacción será similar: el otro día vi un marco que es ideal para esta lámina. La pared del comedor está tan vacía que le hace falta un cuadro".

Es notable como basta pensar para tener ideas. Mañana pasaré por una ferretería. Un clavo dorado puede ser un buen regalo, así tendrá cómo colgar la lámina enmarcada, en la pared vacía del comedor. Hasta la próxima.

martes 12 de febrero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes amorosos.

Además de regalar flores, chocolates, osos de peluche y promesas de amor eterno, el día de San Valentín invita a románticas cenas, con velas y todo. Pero es importante tener en cuenta ciertos detalles para evitar desagradables consecuencias.

Es fundamental elegir el menú con visión de futuro. De dos futuros: el económico y el físico. Cada uno tomará sus precauciones monetarias para no comprometer el mes en curso, así que -modesta y masculinamente- sugeriré algunos detalles para esa noche tan especial.

Cosas cómodas y discretas. No se puede comer un plato de pasta con crema o salsas riesgosas para la ropa y el estómago. Ella puede pedir lo que más le guste, pero nosotros no; porque no es la cena en sí lo que nos importa. Con un trozo de carne y unas verduras a la plancha estamos hechos. Si esto nos parece poco, una entrada de jamón y un poco de queso alcanza.

Claro que si el jamón es demasiado salado, se añade un pequeño riesgo. Señores, a ustedes me dirijo: no podemos perder de vista nuestro objetivo final, nuestra responsabilidad de género en esta noche tan particular. Moderación con el vino. Si nos invade la sed, agua amigos. Agua.

Finalmente llega el esperado momento del postre. Y aquí sí, aquí sí podemos dejarnos llevar y liberarnos completamente: una manzana -o más, verán ustedes- roja y dulce es lo que recomiendo, aunque nos cueste el paraíso.

Pero si no tienen una manzana a mano, entonces amigos, de nada sirven los consejos anteriores. A tomar y comer como se debe -bien, mucho y pesado-; y a dormir, que cuando este moderno invento pase, faltará un año para el próximo San Valentín y ya habrá tiempo para planificar.

lunes 11 de febrero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes idealistas.

Lo único que me preocupa del paso del tiempo es la pérdida de memoria, y con ella, la pérdida de las cosas en común que me mantienen unido a mis amigos. Y no es a la pérdida de memoria por alguna enfermedad a la que temo, sino al olvido que llega cuando los caminos se dividen.

Desde hace casi diez años vivo un poco más tranquilo. Fue después de presenciar una cena de un grupo de amigos de juventud. Se veían diariamente, pero no estaban juntos desde hacía mucho tiempo. Pero esa noche, esos hombres maduros eran un grupo de amigos, esa noche el tiempo no había pasado. Pero lo mejor fue que no hablaban del pasado. Hablaban del presente, de sus presentes, como lo hacían 30 años atrás.

Quién sabe cuántos de los proyectos que tenían en su juventud se habían hecho realidad. Quién sabe si alguno de ellos, viendo a sus amigos, pensó esa noche lo cerca o lo lejos que estaba del éxito o del fracaso. Ahora, 10 años después, pienso en mis amigos y pienso en mí, y en nuestros sueños y aspiraciones que ya tienen más de una década.

Es verdad que cada uno de nosotros ve los resultados de acuerdo a sus aspiraciones -lo que es éxito para unos puede ser fracaso para otros- pero no puedo evitar preocuparme cuando alguien que conozco no logra lo que se había propuesto. Me defiendo pensando que este inconveniente es momentáneo, que es sólo un paso atrás para tomar impulso y retomar la carrera.

Cuando estábamos cerca de los 20 años, los sueños estaban intactos. Y ahora -me convenzo- también deben estarlo porque, aún con un optimismo que roza el pecado, todavía sigo convencido de que el éxito -el éxito de cada uno- está ahí, esperándonos.

martes 5 de febrero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes contestatarios.

Estoy sumamente contrariado. Otra vez el establishment -qué palabra más grandilocuente para identificar a los que siempre mandan- se ha conjurado para perjudicar a la Argentina. Me pregunto si será una venganza por toda la deuda que quedó en default o porque Maradona es amigo de Fidel. ¿O tal vez será porque tenemos la mejor carne del mundo o porque inventamos la birome y el colectivo?

Tenía pensado escribir sobre nuevas observaciones, pero ante semejante afrenta, afrontaré frontalmente este agravio, pero no ahora. Luego. No es cuestión de dar el brazo a torcer y que lo urgente nos tape lo importante.

¿Por qué?, señores y señoras, amigos y amigas: ¿por qué el jabón hace espuma los primeros días para después limitarse a perfumar? He probado varios y siempre pasa lo mismo. Uno lo abre, lo huele, lo moja y hasta juega con toda la espuma que, mágicamente, produce al contacto con el agua. Agua caliente, lógicamente. No es cuestión de pedirle milagros al pobre jabón. Eso al principio.

Pasa el tiempo, y el espumoso compuesto va perdiendo ímpetu. Hasta gracia pierde, diría. Cuando está por llegar a su fin no hay frotación que valga, se niega, como manteniéndose fiel a su fabricante; como diciendo "y ahora no te hago espuma así vas y compras otro". La solución la encontré, aunque en realidad fue una rendición: compro jabón líquido que hace espuma hasta el final.

El que nunca se acaba -como la cosecha de mujeres- es el dentífrico. Siempre quedará algo, un poquito. Para que rinda -eso sí- tendremos que cortar el tubo de plástico que antes, hace unos años, era de plomo. ¡Qué lindas te quedaban las manos -azules o amarillas, Odol o Kolynos- con la pintura que se desprendía después de exprimirlo hasta el final! Pero que nunca era -nunca es- el final. Siempre habrá para una última vez, que nunca será la última.

Otro tema que me inquieta (y tranquilos que ya me voy aproximando a la reivindicación prometida) es lo que sucede con los pantalones vaqueros. Están limpios. Están limpios porque fueron lavados hace dos días. Están limpios porque fueron lavados hace cinco días. Están limpios porque fueron lavados hace 6 días. No sé por qué, pero de la noche a la mañana, los pantalones de jean no están más limpios. Tienen dos estadios: limpios o sucios. No hay término medio, no se perfila la lavada. Pasan de "hoy me los pongo sin problemas", a "hoy se van caminando solos y me esperan en la esquina". A ustedes las respuestas porque yo sigo indignado y estoy ciego de rabia.

¡Claro! Como Toronto está en Canadá, cerca de Estados Unidos. Como las señoritas son de Londres y viven en el primer mundo, han decidido no cerrar su gira mundial en Buenos Aires. Una vez más, los poderosos del mundo han dejado a nuestro sur marginado. Las Spice Girl no van a actuar en Argentina. Lo siento, el mundo es así, malvado. Hasta la próxima y no lloren, no lloren que apenas se recupere, Britney sí va a cantar en Argentina, porque ella es buena y necesitada.

lunes 28 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes... trágicos.

La tragedia griega es un género dramático tan atractivo como difícil de aplicar a nuestros días. El protagonista se enfrenta a dos alternativas, contradictorias pero verdaderas. Antígona conocía bien la prohibición de sepultar a su hermano, pero también sentía el deber moral de hacerlo. ¡Sófocles sí que sabía plantear un conflicto!

Imaginemos ahora a un griego (sin túnicas blancas ni laureles en la cabeza, por favor. Gracias), actor principal de una tragedia ambientada en este, nuestro occidente tan moderno. El griego deberá elegir entre lo divino y lo terrenal. Cualquier opción es válida, justificada. No hay posibilidad de error. Las dos son correctas. Creo que en cinco minutos se resolvería el conflicto, y la moral divina se quedaría esperando tiempos mejores.

Si bien nuestro griego tiene ya -aun antes de decidir- los pies sobre la tierra (sin túnica, pero con sandalias), el conflicto de la tragedia sigue vigente. Diferente en la forma, igual en su esencia. Y también sus personajes.

La larga espera de Penélope -tejiendo de día y destejiendo de noche durante 20 años, buscando excusas para no terminar un sudario que sancionaría la desaparición de Ulises (un poco ocupado en la guerra de Troya)-, se parece bastante a la cuenta de los meses que faltan para la llegada de las vacaciones (nuestro Ulises); de los días que nos faltan para hacer lo que no podemos hacer durante el resto del año.

¿Se puede vivir en una eterna espera? ¿Cómo encontrar (día tras día) el tiempo y la actividad que nos permitan utilizar las vacaciones para descansar y no para vivirlas como el momento anual de felicidad? ¿Se puede evitar? Creo -y espero- que sí. No debe ser fácil, o al menos no lo es para mí. Lo primero que deberíamos hacer es dejar intacto el sudario que durante el día tejimos. No buscar excusas, ni esperar el momento ideal que nunca llegará.

Estaba por escribir que mejor que prometer es realizar, pero me quedo con José Martí: "hacer es la mejor manera de decir". Y aquí estoy, con la sábana blanca y la corona de laureles -las sandalias no las encuentro-, declamando frente al espejo que entre lo terrenal y lo divino, me quedo con ambos; porque a mi, lo que realmente me gusta, es la comedia. Y como diría nuestro personaje griego: Τόσο πολύ o simplemente (y sin conflictos), hasta luego.

miércoles 23 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes con... sentido.

Hombre exagerado Alfredo Le Pera. Si ella lo olvida, sin importarle demasiado, don Alfredo pierde, por una cabeza, "mil veces la vida, para qué vivir". Eso, para qué vivir. No tengo impulsos suicidas, al contrario, me gusta la vida -mi vida-, pero bastante seguido me pregunto -cual zorzal criollo- para qué vivir.

Es verdad que la naturaleza no tiene -Darwin lo supo hace ya mucho tiempo- un objetivo. Los peces no nacieron con branquias para respirar, ni los pájaros con alas para volar, ni los hombres con piernas para caminar -mal que le pese todo esto a mi vecino de blanco, el que bendice desde el balcón-.

Los humanos usamos, sí, las piernas para caminar -aunque algunas las usen, también, para conquistar-, los peces respiran como pueden (los que no tenían branquias se ahogaron y desaparecieron) y los pájaros -qué envidia- aletean para volar a sus anchas.

Por lo tanto, convencidos (por la ciencia y la razón) de que no tenemos un objetivo genético ni designios sobrenaturales, deberíamos darle a la vida -cada uno de nosotros a la suya- un sentido, o más.

Si me lo permiten, he decidido darle cinco. Todos, en realidad. Escribo después de vaciar un plato y estimular el gusto, el rojo oscuro a través del cristal aclara la vista, el olfato se despierta con la uva que dejó de serlo y del oído se encarga Carlos Gardel. Y son cuatro.

El quinto es, como en el tango, con final reñido. Y ahí sí, fija o no, por una cabeza, o por una caricia, me juego entero, Alfredo, ¡qué le voy a hacer!

martes 15 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes de... cambios.

Me parece que la buena música es una variable estática. Variable, porque evoluciona y siempre se compone nueva y buena música. Estática, porque cuando te gusta una melodía es difícil que deje de gustarte. Una buena canción no pasa de moda, no es vieja, no se transforma en ridícula como sucede con los éxitos de cualquier verano.

Tal vez porque la subjetividad y la memoria se apoderan de la razón, escucho la música que ya conozco, y sobre todo, a los intérpretes que ya conozco. Desconfío de los nuevos hasta que los acepto; y ahí pasan a ser conocidos, de confianza.

Me pregunto qué pasaría si lo mismo me sucediera con la moda. Si el criterio de la música lo aplicara a mi forma de vestir, agradecería haber crecido de largo y de ancho. Los vaqueros -sí, ¡vaqueros!- nevados, la campera de jean forrada con corderito y los pantalones náuticos blancos (con cintura elástica, lógicamente) estarían en mi armario.

Pero ¿por qué la música no envejece y la moda sí? ¿Por qué lo que antes era lindo ahora ya no lo es? ¿Será que el arte y el negocio no se parecen en nada aunque intenten convencernos de que algo tienen que ver?

Me falta Saber y me sobra Ignorancia para encontrar alguna respuesta que valga la pena, pero no me rindo. Mientras lo consigo y la abandono -imposibles (por eternas) tareas-, me resisto a los dictámenes de la moda con una tijera en la mano. Ya saben que soy un transgresor del ruedo y la termo adhesión. Mis nuevos pantalones poco entienden de moda y proporciones.

miércoles 9 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes desequilibrados.

Después de pasar cuatro horas mirando televisión creo ser (o estar): infeliz, antiguo, fuera de moda y de estado físico, mal alimentado, ignorante y aburrido. Los modelos de esta época tan contemporánea que nos toca vivir son (tal vez tengan que ser así para que funcione) inalcanzables.

Si la diversión es como se ve en la publicidad, para pasarla bien deberíamos bailar y beber durante todo el día. El aperitivo de la tarde no será tal si las chicas con diminutos bikinis no bailan con vaso y sonrisa en boca, frente a bronceados y abdominalados chicos, que no hacen más que destapar botellas. Trataré de pensar en otra cosa antes de abrir una cerveza la próxima vez.

El desayuno, si no se toma en enormes cocinas blancas con grandes ventanales que dejan ver el jardín, con el padre que se levanta sonriente y hambriento y con los niños que llegan vestidos y ansiosos por ir a la escuela, no es un desayuno correcto. Si la madre, luego de haber preparado jugo de naranja -natural, ¡faltaría más!- y tostadas con mermelada, cometió la osadía de no servir la leche con cinco cereales, entonces sus hijos no estarán bien alimentados. Y ni hablar de su pobre marido, que tendrá que irse a trabajar (para mantener a toda la familia, obviamente) con pocas energías.

Me pregunto cómo hacer para combatir la angustia que me invade luego de ver lo lejos que estoy -por imposibilidad muchas veces, por voluntad otras tantas- del ideal de felicidad que la publicidad impone. Creo que una solución podría ser -como en casi todo- el equilibrio. El equilibrio entre el agradecimiento y la ambición. Excederse en lo primero lleva al conformismo, en lo segundo, a la frustración.
Gracias, de todas formas; y hasta la próxima.

domingo 6 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y añorados pespuntes.

Se dice que todo tiempo pasado fue mejor. No estoy de acuerdo. También que todo tiempo pasado fue anterior, y aquí sí -obviamente- coincido. No hacerlo dejaría al descubierto una tozudez espeluznante -de la que no carezco, pero sí combato-.

Hay, en general, cierta tendencia a pensar que recordar es añorar. No creo que así sea, al menos no siempre, o no para mí. Escucho mucho tango, y si bien debería moderar la dosis, lo hago porque me gusta. No hay -o no creo que haya- otro motivo por el que escucho al Sexteto Mayor, a Piazzolla o a Goyeneche.

El pasado se hace presente gracias a diferentes estímulos. Creo que el olfato es uno de los sentidos que con mayor fuerza nos invita a recordar. El olor del pan a media mañana detiene mi reloj a las diez, cuando sonaba el timbre para ir al recreo. Me veo haciendo fila para llenar mi taza con mate cocido, y mi estómago con galleta recién hecha. Recuerdo y disfruto, pero no añoro.

No querer regresar al pasado (revivir la juventud parece ser el mejor -y más añorado- de los recuerdos) puede ser un síntoma de exceso de realismo, exagerado racionalismo o, simplemente, de disfrutar del presente. Voto por las tres juntas, y algunas a mi pesar.

Posiblemente la medida del tiempo transcurrido influya sobre la intensidad y la voluntad de revivir lo recordado, pero aunque el pasado lo conozco, el futuro se me resiste: no sé si añoraré los tiempos transcurridos. Pensándolo bien, no será por falta de motivaciones, que las tengo... y pensándolo mejor, algunas las añoro. Hasta la próxima.

miércoles 2 de enero de 2008

Apuntes, despuntes y pespuntes con... resaca.

Cada vez que abro un diccionario -tengo que hacerlo demasiado seguido para mi gusto- disfruto con la claridad de sus definiciones. Si bien es algo obvio, me sorprendo con la explicación, corta y precisa, de cada término. Hoy lo abrí para ver cuántas acepciones tenía una palabra.

Ya han pasado varias horas desde la cena de fin de año, pero la resaca todavía no se ha ido. Al menos no toda. La de la comida y el alcohol dura menos que la otra resaca, la de las sensaciones vividas. Cada uno de nosotros supone -o sospecha, como cuando se juega al "Desconfío" en mi pueblo- que tiene amigos. Puede intuirlo, pero la certeza nunca es permanente.

En estas fechas nuestras casillas de correo electrónico están repletas de saludos de fin de año. Cadenas de mensajes con archivos eternos, con frases repetidas y música funcional, de hotel por horas. También hay otros mensajes. Textos cortos, de dos líneas o de veinte, pero escritas por alguien para uno. Responder sería lo correcto, no es lo que hago y me excuso.

Agradezco, además, todos los correos que mis amigos que no me mandaron. No necesito que me lleguen, sospecho que me pensaron tanto como yo lo hice, y para que no se sientan en falta, tampoco yo mandé correos de felicitación.

En estas fechas se reciben muchos -demasiados- mensajes de texto en el teléfono celular. Aunque algunos sean mensajes prefabricados, está bien, porque lo que importa es que se acordaron de uno; pero también hay de los otros, de los escritos con el alma. Recibí dos la noche del 31, y todavía me dura la resaca.

Recuerdo ahora, mientras escribo, el brindis de fin de año. Cuando el 2008 era un recién llegado, cuando me abrazaban y besaban, cuando me deseaban lo mejor para lo que se viene, cuando cruzábamos las miradas y las copas, confirmé mi sospecha: sí, estaba entre amigos.

Y hoy, con el diccionario en la mano, de la R me fui hasta el principio, llegué a la A, y otra vez me sorprendí por la claridad: "amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato". ¡Feliz año nuevo, amigos!

jueves 27 de diciembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes... catódicos.

Ayer la policía encontró a un hombre muerto en su casa. Estaba vestido, recostado sobre la cama sin abrir y con el televisor encendido. Deceso por muerte natural, sentenció el forense.

La policía entró a la casa después de que su hermana (la hermana del hombre que murió), llamara preocupada a la comisaría porque su hermano no respondía al teléfono. Quería desearle una feliz Navidad.

Nadie se había dado cuenta de su ausencia. A ningún vecino del pueblo le llamó la atención que las cartas se acumularan en el buzón. A nadie le sorprendió que no saliera más de su casa, ni que el televisor estuviese encendido día y noche sin descanso. A nadie le hacía falta este hombre. Estaba muerto desde hacía cuatro meses.

Seguramente le sobrarían motivos para su soledad y su distancia. Su familia también tendría los suyos para llamarlo cada 4 meses. Tendría motivos (él y los demás también) para carecer de amigos. Aunque uno sí tenía.

Lo acompañó hasta su último respiro y más. Inmóvil pero activo. No dejó de hablar ni un minuto, nada lo detuvo. Si sintió pena no lo sabemos (sospecho que no), pero ahí estuvo hasta el final. Cuando la policía se llevó el cuerpo, el último agente que quedaba en la casa tomó el mando, apretó el botón rojo y el último (o el único) de sus amigos, de pronto, aun inmóvil, se apagó.

miércoles 19 de diciembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... Navidad.

Como cada año, y desde hace mucho tiempo por si no lo sabían -o no se habían dado cuenta-, se festeja la Navidad (cuando me lo propongo soy un intrépido para dar noticias). Es, sin duda, un momento para hacer balances. El que quiere los hace, y el que no, se come un pan dulce, brinda con sidra y a otra cosa.

No voy seguido por el centro de la ciudad así que no veo las vidrieras adornadas con bolas rojas y nieve de fantasía (que aquí sí tiene sentido). Me doy cuenta de la Navidad por (al menos) tres cosas: cuando veo el calendario es la primera de las tres, las publicidades en televisión (invasivas, groseras y exageradamente empalagosas) y en tercer lugar, por el armado del pesebre en la plaza de San Pedro.

Si bien es siempre el mismo (lo que supone una cierta familiaridad para montarlo) los encargados de construirlo tardan semanas. Todavía no está terminado aunque ya falta poco para la celebración del nacimiento de Jesús de Nazareth. Tal vez -y es sólo una opinión- si fuese más modesto (parecido al original), sin tantas pretenciones, ya estaría terminado y listo para ser fotografiado.

Pero hay también, junto al pesebre, un árbol gigante. No es siempre el mismo. Este año viene desde los Alpes. Ciento cuarenta metros de altura cortados a ras del suelo, para terminar -más tarde- como combustible de alguna estufa vaticana. No hace falta. No es necesario. Creo yo que Jesús no estaría de acuerdo. Si hoy fuese ayer, no le habría gustado.

Se puede creer o no en la divinidad de este hombre. Lo que está -me parece- fuera de discusión es su importancia, su influencia en nuestra cultura y su capacidad para cambiar la historia de occidente. Si hoy volviera (para algunos) o naciera (para otros), seguramente no estaría de acuerdo, entre otras tantas cosas, con el ostentoso pesebre o con el árbol moribundo.

Temo que muchos de sus fieles no lo seguirían si volviese. Temo que no tendría la fuerza para cambiar demasiado. Tenemos otros dioses que se apagan y se encienden con el control remoto. Más fácil. Menos compromiso. Más efectivo.

Temo también, que si regresara a nuestra tierra, yo no estaría entre sus discípulos. Estoy tan seguro de esto como de que tampoco estaría entre sus traidores. Pero es demasiado para un texto y demasiado pretencioso para mi. ¡Feliz Navidad! Muchas felicidades, de verdad, y a tomar y comer lo suficiente, o sea: mucho. Hasta la próxima vez.

¡Ah! ¡Me olvidaba! Si ven a un señor gordo, con barba y vestido de rojo, que les hace promesas a cambio de ciertas facilidades, es -como en el viejo chiste- un hombre disfrazado. No crean en todo lo que ven.

viernes 14 de diciembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes con actitud.

En Italia (y sobre todo en Nápoles) dicen que el mejor café se toma en Nápoles. Todos tienen una teoría diferente sobre las causas del sabor. Efectivamente en Nápoles se toma un muy buen café y la mayoría dice que es por la calidad del agua de esa zona. Una tarde le pregunté a un napolitano si el sabor se debía al agua, y me contestó que no. Es la actitud, me dijo. ¿La actitud del que lo prepara?, me sorprendí. "No, la actitud del que lo toma", sonrió.

Borges se preguntaba si cuando los anglosajones dicen "moon", tendrán la misma sensación que tenemos los latinos cuando decimos "luna". Y posiblemente aquí también es la actitud quien toma las riendas, quien asume el control de la situación, y en definitiva, quien nos hace sentir más o menos; y sentirnos bien o mal, mejor o peor.

Existe un método -el método Silva- que se centra fundamentalmente en desarrollar una actitud positiva en las personas que lo practican. Mercedes (hija, esposa, múltiple madre, bailarina de danza del vientre, estudiante de inglés y amiga) lo practica desde hace años. Ella se "pone en Silva" y no hay nada que se le resista. Por momentos logra hasta detener el tiempo para que el banco no cierre. Y el banco sigue abierto sólo por ella, claro.

Tal vez influenciado por los ya famosos Refutadores de leyendas, o simplemente por exceso de racionalismo, me resisto a creer que todo es actitud. Ayuda, supongo, pero no debería ser determinante. Inútiles con actitud positiva podrán ser felices, pero no un ejemplo. Prefiero pensar que el banco sigue abierto porque aun no es la hora de cerrar o, en todo caso, por la actitud displicente del empleado que todavía no dio media vuelta de llave para irse a comer, y no por mi actitud positiva.

He probado casi todo -lo confieso- sin éxito alguno. Agua corriente, agua mineral, variados recipientes, bombillas de madera, lata o alpaca, diferentes marcas de yerba, y nada. El mate no sabe igual por estas tierras. ¿Qué dicen?
¿Pruebo con la actitud? Hasta la próxima ronda.

lunes 10 de diciembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... costura.

Hace unos días descubrí -porque Roxana me lo dijo- que a los pantalones no hay que hacerles más el ruedo. Ahora se usan "doblados", sin más. Enarbolando una conservadora transgresión (como si de mantener vivo un centenario oficio en vías de extinción se tratara), seguí luchando para acortar mis nuevos y desproporcionados pantalones. Demasiado largas las piernas para tan avispada -y gracias por la licencia- cintura.

Terminada la complicada tarea -y contemplando el éxito obtenido- me doy cuenta de que es más fácil hacer un ruedo, que echarse al ruedo. Ponerse en juego es una de las tareas más difíciles (porque tal vez la más necesaria) que nos toca enfrentar.

Si bien no importa la edad, creo que el mérito es mayor cuando se está más cerca de la jubilación que del primer sueldo. El miedo y las dudas -eso sí- me parecen similares. Y aunque son varios los factores que entran en juego, no será el temor al fracaso lo que nos frene, ni tampoco el conformismo disfrazado de tranquilidad.

Preparemos entonces el traje de luces que siempre hay un toro que nos espera. Afilemos la espada y tomemos las medidas de la capa. O del pantalón, para abandonar las metáforas taurinas. Yo ya tengo lista mi tijera. Aguja e hilo, no hacen falta. Los transgresores del ruedo utilizamos una cinta termo adhesiva, que con la plancha a 180º y buena voluntad, hace maravillas. Hasta el próximo -hoy sí- pespunte.

lunes 3 de diciembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes... especiados.

Me abruman. Me agotan. Son absolutamente innecesarias. No hay ningún motivo -salvo el económico, claro está- para tener que soportar nuevamente a las Spice Girls. Es una pena, porque ya casi habíamos olvidado la monotonía, el ruido y la electrónica como único concepto. Ellas -y sus productores discográficos- no.

Ya era suficiente que Victoria (la más esquelética y la que peor se mueve de todas) se casara con Beckham y llenase las crónicas rosas con sus obscenas compras. Dicen que cerraron un piso de "El corte inglés" de Madrid para que ella comprara ropa para sus tres hijitos, pobrecitos.

Después de su regreso a los escenarios en Canadá, los comentarios giraban alrededor de sus hijos, de cómo hacían para cuidarlos con tanto viaje, si jugaban entre ellos y si pensaban en aumentar la familia (luego de aumentar -aun más- sus cuentas corrientes). ¿Y la música? Bien, gracias.

No soy un fundamentalista. Muy aburrido sería un baile en el Club Argentino con la novena sinfonía de Beethoven, y poco rendidor un concierto cuartetero (aunque sea de la mona Jiménez) en el teatro Colón. Sin ir tan arriba ni tan abajo, hay términos medios que vuelan alto. Aterricemos y dejemos por un momento las medidas de altitud.

Por suerte hay otros regresos. Sorprende mirar hacia atrás y tomar conciencia del tiempo que pasa. Que veinte años no es nada lo sabemos porque lo escuchamos desde hace mucho más que veinte años. Otro ejemplo, uno más para confirmar que la buena música sobrevive a casi todo. No hacía falta que las chicas condimentadas volvieran. No hacía falta que Sting se acordara de The Police, porque su música sigue viva aun con el paso del tiempo.
Pero se agradece, y mucho. Hasta la próxima.

jueves 29 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes seducidos y abandonados.

Es difícil de explicar el tango. En realidad no es fácil explicar el arte. Se siente y basta. No creo que sea una música triste, pero encuentro gran dificultad para explicar cómo sentimos el tango los argentinos (o cómo lo siento yo, para no exagerar). Cómo sentimos la melancolía, la traición, la tristeza, el desengaño o el sufrimiento. En fin, el contenido del 101% de los tangos.

Arriesgo, sin temor a equivocarme -porque lo que me falta es miedo, y no porque me sobre seguridad-, que cuando escuchamos, por ejemplo, "quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor", no pensamos en el nuestro (corazón o loco amor, no importa); sino en el del pobre desgraciado que lo está cantando o -un poco más allá- en el que lo escribió. Siempre es otro el que sufre. Tampoco nos ponemos tristes porque fue abandonado, engañado y dejado miserablemente en la calle con todo su menaje.

Dudo -ahora- si esto es un mecanismo de defensa o simplemente un rasgo de nuestra personalidad. Acostumbrados a la exageración en todo sentido, reaccionamos con frialdad ante el fulano que después de comprarle un tapado de armiño, ve pasar -tiempo después- a su amada con la prenda que tanto esfuerzo le costó, y abrazada a su nuevo novio. Y pensar que hasta tuvo que dejar de fumar para regalárselo.

En cualquier caso (mecanismo o rasgo), el tango parece habernos transformado en testigos del sufrimiento ajeno sin sentir ni siquiera un poco de tristeza. No sé si está bien o está mal. No sé si es sólo en el tango o también nos pasa cuando caminamos por la calle. No es aquí donde encontrarán respuestas -pero eso ya lo sabían-; y como la música es el único placer que no es pecado, subamos el volumen del CD, y que alguno (si es el polaco, mejor) se desgarre el corazón esperando a su amada o desahogando una traición. Hasta el próximo apunte.

domingo 25 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... fórmula uno.

Somos diferentes. No es ningún hallazgo, lo sé. Y si bien muchas veces se ha dicho, me subo al carro de los triunfadores sosteniendo que entre el hombre y la mujer existen demasiadas diferencias. Algunas físicas, obviamente. Muchas mentales.

Hace unas semanas, después de una abundante cena (más abundante en líquidos que en sólidos), hablábamos de temas muy serios con algunos amigos. Manteniendo el temple (suyo) y el estilo (de la charla), Dani se lamentó porque estuvo tres días tratando de recordar el nombre de un piloto de fórmula uno, "el finlandés... ese rubio con bigotes gruesos". Nigel Mansell se llama, y manejaba un Williams.

De todos los participantes a la charla había sólo una testigo. Que no entendió -porque no quiso o porque no pudo- que cuando un hombre se queda fijo, en silencio y con la vista perdida mientras mira televisión, pueden estar sucediendo dos cosas: o está mirando televisión, o está pensando en el Nigel Mansell de turno.

Para muchos es una charla cotidiana. Para otros, recurrente. La mujer pregunta y el hombre responde con un clásico y (poco) efectivo "nada". No estamos pensando en nada, ¿o de verdad quieren saber? La mayor parte de las veces sentiríamos un poco de vergüenza si tuviésemos que confesar que nuestra mente estaba en el lejano oeste, o que si hubiese sido más rápido era gol. Cantado. Que podría haberle pegado de aire, así como venía, en vez de pararla y buscar mi mejor perfil (si lo tuviese).

No tengo pretensiones de recopilar escenas de la vida de pareja, en todo caso lo dejo en sus manos (o vuestras, como diría Dani). Aquí me detengo, entonces, porque sospecho que sería de poca utilidad. Pero antes de terminar, creo que como muestra basta un botón: algunos días después de la charla que habíamos tenido, Dani estaba sentado en el sofá mirando -en silencio- televisión. La testigo le preguntó en qué estaba pensando. En Nigel Mansell, dijo mi amigo. Ella juntó sus cosas, y se fue. Hasta el próximo despunte.


Corrección: Mansell, como bien apunta Fernando, es Inglés. La abundancia de alcohol y la carencia de conocimiento llevan a cometer errores inesperados.

lunes 19 de noviembre de 2007

Apuntes y despuntes modestamente orgullosos.

Voy a decir algo que puede sonar fuerte. Y después de decirlo intentaré explicarlo: no siento orgullo por Argentina. No siento orgullo por mí país. No lo sentiría por Alemania si hubiese nacido en Berlín, ni por China si tuviese la piel amarilla, ni por Suecia si fuese un irresistible rubio de ojos celestes.

Siento orgullo, sí, por la cosas que hago y por las que no (no por todas, ni de unas ni de otras), por mi familia y por mis amigos. Son hechos, son personas, no entidades abstractas que mucho abarcan y poco aprecian. Y siento orgullo, además, por cinco hombres vestidos de negro que desde hace 40 años demuestran que se puede ser serio, trabajar en serio y tener éxito.

Definir a Les Luthiers como cinco hombres vestidos de negro es como decir que el fútbol es un deporte donde 22 hombres corren detrás de una pelota o, peor aun, que 500 gramos de papel y dos litros de tinta son una novela policial. Es obvio que estas últimas no son definiciones mías, pero me remito a mí primer texto por si alguien tuviese algo para reclamar.

Decía que siento orgullo por Les Luthiers, y lo siento fundamentalmente por una cosa: son, tal vez -y aquí entra en juego la pasión y comienza su retirada la razón-, la mejor expresión de nuestra cultura popular. O al menos es la que prefiero, la que desearía que fuese nuestra cultura, mí cultura. De esta sí (y también) estoy orgulloso.

Pensar. Trabajar con seriedad. Buscar la excelencia con esfuerzo y paciencia. Sin prisas, con honestidad y sin engaños. ¿Será mucho si digo que Les Luthiers pueden ser unos de nuestros próceres del siglo XX y -cuanto menos- del que le sigue?. A muchos conmemoramos por discutibles ideales y dudosos métodos, así que -aun exagerando- declaro, con orgullo, a Les Luthiers próceres de mi querido país. Hasta la próxima.

viernes 16 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... terceros.

Admiro a los buenos periodistas. La capacidad para encontrar, observar y contar una historia tiene algo de artístico. Y si bien lo intento, puedo sólo comentar -sin demasiadas pretensiones creativas- pequeñas observaciones de la vida cotidiana.

Me sorprende la actitud que toman ciertas mujeres cuando van en coche con su novio. Más grande, más lujoso y más caro es el auto, menos sonríen. En silencio. Mudas, serias, como enojadas y con la vista perdida en un horizonte que, generalmente, termina un metro más adelante.

Me gusta cuando las vendedoras en Buenos Aires dicen el precio usando el condicional: "serían -se atajan- 25 pesos". Como si fuese una posibilidad, una opinión o cuestión de buena voluntad del comprador pagar los 25 pesos que vale el producto que desea llevarse.

¿Por qué los jugadores de fútbol se expresan en tercera persona?: "Tevez es un jugador con llegada, con gol y que intenta trabajar para el equipo", es la respuesta a la pregunta que un periodista (incisivo y creativo), le hizo a... a Carlos Tevez. Es como si hablar en tercera persona transformara, a quien lo hace, en testigo. Testigo y parte (indefectiblemente, esto sí) de las propias acciones.

Pero el punto más alto del discurso expresado en tercera persona lo tocan -cuando no- las madres. Es raro, porque en general la tendencia es hacia la apropiación del niño: "no me come, doctor", se preocupan. "Mire lo que me hace", se ofenden. Pero cuando se trata de convencer, lo intentan despersonalizándose: "no llores, mi amor. Cuando mamá llegue te prepara la comida" dice una señora a... a su propio hijo.

Ha llegado al final del texto convencido de que fue demasiado largo para demasiado poco. Intenta no bajar el nivel aunque es consciente de que siempre se puede ir más abajo. El autor de este blog espera que las musas vuelvan, o lleguen -siendo (él) más realista-, para seguir compartiendo pensamientos en forma de apuntes. Así que Mauricio los saluda hasta la próxima vez.

lunes 12 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... revistas.

El cine siempre, las Para Ti antes y las Cosmopolitan hoy, han causado mucho daño en las relaciones de pareja. Exigen, sin compasión, comportamientos extremadamente románticos para cualquier persona. Sobre todo si esta persona es un hombre (convengamos y aceptemos).

Así las cosas, las opciones se reducen y las consecuencias se hacen patentes. Con extrema facilidad nuestros discursos se vuelven empalagosos. Casi como si escribiéramos un bolero en cada declaración de amor; o cada vez que solicitamos, gentilmente, que nos alcancen la sal. Un lenguaje que de tan dulce corre el riesgo -cada día- de transformarse en diabético.

Con sorpresa me detengo frente a los quioscos de revistas: "Diez consejos para ser una diosa", clama un titular. "Cómo conquistar a tu príncipe azul", promete otro. Demasiado fácil para ser cierto. Tan inverosímiles como las promesas de las revistas de manualidades. La carpintería parece ser el pasatiempo preferido.

Hay quienes dicen que fue una venganza después de ser parte del trío más inocente y menos erótico de la historia de la humanidad. Otros, que fue la energía provocada por un cálido mate al despertar. El motivo no importa. Pero después de una tarde con grandes movimientos -dictados por la pasión y promovidos por la escasa frecuencia o la frecuente escasez (sólo a veces)- una amiga compró una revista que enseñaba cómo transformar una normal cama de cuatro patas en un somier apoyado en el suelo. Y lo logró.

No ha sido la única que ha caído en tentaciones editoriales. Conozco a varias personas que, aun siendo carpinteros, se han dedicado al tejido. Patas de lana autosuficientes, que le dicen. Hasta la próxima.

martes 6 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... ¿de qué?

Convengamos que la poesía no ayuda: "el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos". Y en cada conversación (y también en cada beso, por qué no) la búsqueda, ya no de una respuesta, sino de La respuesta. Vivir con seguridades pasajeras (sabemos que lo son, aun sin admitirlo), es tan negativo como hacerlo con dudas eternas. El exceso de seguridad lleva -casi siempre- a la soberbia. La inseguridad -cuanto menos-, al egoísmo.

El tiempo es -se me antoja- un aliado. Un aliado del enemigo, si es que lo hubiera. Cada día se parece a un año, y cada año que pasa, a una vida que se va. Y si complicado es vivir preguntándose qué es lo que uno debería hacer; no cuestionárselo, es fatal. Supongo -con exceso de arrogancia y escasez de convicción- que quienes no se cuestionan nada viven felices. Lo supongo, pero no lo espero.

Vivo con dudas. No dejo de preguntarme qué es lo que tengo que hacer. Y me respondo con inútiles preguntas; por retóricas y por inútiles. Pero también sé que no podría vivir de otra forma. No me interesa la felicidad del distraído. Prefiero que la desazón sea el punto de partida, y no llegar a la meta sin darme cuenta.

Quiero, y de esto sí estoy seguro, poder elegir. Que cada decisión que tome sea mía, compartida (siempre es mejor) o autónoma. Pero eso sí: deseo fervientemente ser parte activa en la elección de mis destinos, y no un inerme testigo de mis propios desenlaces. Hasta un próximo -espero cercano- despunte.

viernes 2 de noviembre de 2007

Apuntes, despuntes y bonitos pespuntes.

Me gusta la zamba. Tal vez sea, de nuestro folclore, el ritmo que más me entusiasma. Del mismo modo que en el tango hay una exageración -y jactancia- del sufrimiento, en el folclore -me parece- los poetas abusan de la nostalgia del querido pueblo, del añorado pago, y no sólo. A cada sustantivo corresponde -al menos- un adjetivo. Una empalagosa construcción de comunes lugares que concluyen, siempre, en la desinteresada pero cabal mentira.

¿Alguien pasó por Cerrillos? Sinceramente: ¿podrían cantar "cómo olvidarte Cerrillos si por tu culpa tengo mujer" sin ser conscientes de la exageración?; o "veras que lindo es el río desde el puente carretero": ¿qué río? ¿Cuándo? ¡Si está seco la mayor parte del año!

En los años 60, todos cantaban "Angélica, cuando te nombro...". Bien. Bien. Está bien, nada tengo para decir. Pero "si un águila fue tu cariño,/ paloma mi pobre alma,/ temblando mi corazón en tus garras sangró/ y no le tuviste lástima", ¿puede considerarse una declaración de amor?. Aunque algo de eso debe haber, porque "no olvidaré cuando en tu Córdoba te vi/ y tu clavel bajo los árboles robé" me suena a modesto eufemismo.

Menos mal que entre tanto económico verso (me contagié, perdón) hay poetas que logran elevarse y, también, redimir tanta festivalera poesía (¡y dale...!). Escuchen -si quieren, claro está- "La pomeña", con música del Cuchi Leguizamón y la letra de Manuel J. Castilla: "La cara se le enharina, la sombra se le enarena. Cantando y desencantando, se le entreveran las penas". Para qué más si con esto alcanza. Hasta la próxima.

martes 30 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... sueños.

Despertarse agitado, con el pulso acelerado y las manos apretadas puede ser bastante desagradable. Claro que cuando nos damos cuenta de que fue una pesadilla, la sensación cambia.

¿Por qué, entonces -me pregunto- no logramos disfrutar los sueños como si realmente hubiesen sucedido? Si el cuerpo reacciona con sensaciones reales a estímulos virtuales, no veo tan descabellado aceptar esa experiencia como vivida. Jugar en la primera de Boca, pararla con el pecho en el monumental y clavarla en el ángulo más lejano con uno de esos derechazos que sólo en los buenos sueños te salen, ¿no puede ser también un disfrute real?

Soñar lo inalcanzable puede ser frustrante, pero cuando lo inalcanzable se sueña, resulta -en todo sentido y en cualquier acepción- fantástico. Anoche pasé películas en la cabina del Cine Marconi, en Tejedor. Nunca lo había hecho. Anoche sí, y ya está. He decidido convencerme de que una vez proyecté una película en el cine de mi pueblo. Nunca lo voy a decir, claro está. Pero he decidido que así fue.

Eso sí, soñar demasiado me parece -y ahora se padece- que impide dormir bien. Tengo sueño, y demazzzzzzsiadas ganas de dormizzzzz.... mmmnnnnmmm.... zzzzz... ¡vení afuera zzzzzzi sos machozzzzzzz...! zzzzz.... zzzz... ¡Viva Perón, carajzzzzz! zzzzzzz.... Hasta la prózzzzima... zzzzz......... ZZZZZZZ...... zzzzz....

jueves 25 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... mejores.

Hace diez años el mejor entre los mejores dijo adiós. El fútbol sigue siendo el fútbol, pero la pelota -aunque casi sin manchar- disfruta menos. Pocas caricias y demasiados golpes. Se extraña, Diego. Se extraña.

Elegir a los mejores es siempre un acto subjetivo. Los sentimientos no están al margen y condicionan la elección. Tal vez es hasta justo que así sea. Pero cuando el talento es tan grande, para negar la evidencia pueden sólo intervenir intereses negativos. Diego sigue jugando, o tratando de jugar. Y nosotros seguimos viendo en ese hombre pesado, y muchas veces triste, el gran jugador que fue. De todos, el mejor. Quedó claro quién es, para mí, el mejor en el fútbol. Pero también tengo otros mejores.

El mejor desayuno, el de nené, en el campo en Santa Inés, que nos convertía a Javier y a mí, en dos innatos cazadores o en intrépidos jinetes. El mejor asado, el de mi viejo; y la mejor merienda - y tal vez a la mejor hora: las 5 de la tarde - la cremita de mí abuela Victoria. La mejor música, el tango y la que tocamos entre amigos. Pero la comida no es todo.

La mejor cintura, la que espero abrazar. Las mejores piernas, las que quiero rozar. La mejor boca, la que se deja besar y el mejor beso, el primero... y el último.

martes 23 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... frases sinceras (de otros).

No estoy de acuerdo con Oscar Wilde (y perdón por semejante herejía) cuando dice que "la verdad es, simplemente, una cuestión de estilo". Me acerco mucho más a Serrat cuando lo escucho cantar su "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". ¿Se puede construir un texto copiando frases ajenas? La respuesta es sí, sobre todo cuando no se poseen propias. Probemos.

Veo en la coherencia un gran contenido de sinceridad. "Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa", una buena frase que jamás había escuchado ni leído. Es del escritor francés André Maurois y tanta es mi ignorancia sobre su vida y su trabajo, que tuve que copiar letra por letra su apellido.

Sí he leído, y muchos lo saben hasta el hartazgo (que lo he leído y que lo saben), a Roberto Fontanarrosa. Su autor de aforismos, Ernesto Esteban Echenique, es sin dudas un hombre sabio. Aunque según él mismo, cuando alcanzó la sabiduría, esta lo miró y le dijo: "Ya me alcanza cualquiera". De todas formas, a pesar de su corta carrera en pos del conocimiento, Echenique sabe, y así lo expresa, que "una palabra puede herir. Pero un martillazo es feroz".

En este sentido -y tal vez por ser huérfanos del mismo padre- Inodoro Pereyra también lo tiene claro: "con la verdad no ofendo ni temo -dice el renegáu- pero con la mentira zafo y sobrevivo". Diferentes formas de afrontar la verdad, pero siempre con sinceridad, sin contradicciones. Conscientes de sus propias ideas y, también y sobre todo, de sus propios sentimientos.

Resaltando una fenomenal sabiduría criolla, con resignación y fundamentalmente con sinceridad, el gaucho de Fontanarrosa nos enseña, además, cómo afrontar la vida de pareja. Sabedor de sus limitaciones le confiesa a su perro: "Mendieta, uno se deslumbra con la mujer linda, se asombra con la inteligente... y se queda con la que le da pelota". Hasta el próximo despunte, y que repunte.

lunes 22 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... felicidad.

Pienso en un camionero. Su viaje no tiene final. Llega para volver, y regresa para partir. Búsqueda continua de un destino esquivo, escribiría -tal vez- algún discreto poeta tanguero, con esa tendencia al sufrimiento que nos marca y remarca. Un trabajo agotador. De amigos circunstanciales que luego de llenar el tanque y la barriga desaparecen recorriendo su camino.

Parecido es, se me antoja, el camino hacia la felicidad. El placer es el destino y, también, el punto de partida en búsqueda de una nueva satisfacción que nos haga felices. El secreto está en la permanencia, en cuánto tiempo nos demoramos y cuánta conciencia tomamos del disfrute. Hablábamos con Jessica -y arriesgábamos- que la necesidad o tal vez la edad (espero lo primero, por nosotros) nos lleva a disfrutar, cada vez más, de la suma de pequeñas cosas. El momento ideal no llega, y si lo hace será un nuevo punto de partida, un nuevo destino, como una nueva ruta que debemos tomar. Pero aquí no hay mapas que indiquen la dirección. Todo no se puede.

En casi todos los ámbitos existen Refutadores de leyendas. Esa agrupación que se encarga de demoler con sólidas bases científicas cada afirmación de Los hombres sensibles, habitantes fantásticos del barrio de Flores, a los que Alejandro Dolina dio vida y alma. La felicidad se debe –y aquí se jactan– a una hormona: la endorfina. Por falta de voluntad, y exceso de ignorancia, no voy a intentar explicar qué es y cómo funciona esta hormona, pero parece que es importante.

Sé, por experiencia (y por suerte, ahora que lo pienso), que hay tres actividades que generan gran cantidad de endorfinas: Hacer el amor, reírse y jugar al golf. En estas semanas tengo una lesión en la mano que me impide jugar. Agradezco a un amigo la carcajada que me provocó esta mañana. Un poco de endorfina no le viene mal a nadie de vez en cuando. Ya despuntaremos nuevamente. Hasta la próxima.

jueves 18 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... tiempos.

El tiempo: creación humana e intangible. Subjetivo como pocos, pero también concreto y cruel. Einstein postuló que no existe un tiempo absoluto. Una de las predicciones más sorprendentes de su teoría es el hecho de que “el tiempo no transcurre en forma igual para observadores distintos” y yo agrego: pregunten al joven enamorado cuánto dura su último beso, o a su futura suegra. Empírica explicación. Y aunque sospecho que nada tenga que ver con la relatividad, la idea se deja ver.

El tiempo nos afecta, nos condiciona, nos obliga. “Los tiempos postreros serán más cortos”, o algo así me parece que dice la Biblia. En realidad no es a mi, sino a Elena Raquel a la que le parece, porque siempre lo dice. Será una duración relativa, pero lo cierto es que siempre estoy apurado por llegar. Llegar adónde y para qué no importa, pero debe ser ya mismo. Ahora.

Mucho tiempo hay que trabajar. Horas y horas en nombre y búsqueda de una mayor productividad. Todo evoluciona y a veces hasta mejora, pero si se trabaja mucho más tiempo para tener siempre lo mismo, creo que hay alguien que gana y otros que pierden. De una cosa estoy seguro; de la otra no: ¿Alguien puede decirme quién gana?

“Hubo un tiempo que fue hermoso, y fui libre de verdad…" ¡no, no! ¡Esa canción no! Perdón, pero -como dice mi amigo Germán- Sui Generis fomenta el hippismo fogonero, así que mejor volvamos al tiempo relativo que más nos inquieta. Un año parece mucho, y tal vez lo sea. Dos, demasiado. Tres, lo sabemos, son multitud. Y si una semana puede parecer interminable, una noche puede ser efímera y al mismo tiempo (y a su tiempo), eterna. Hasta el próximo despunte.

miércoles 17 de octubre de 2007

Apuntes, despuntes y pespuntes de... nada.

Los blogs están de moda. Y acá estoy. Siempre he tenido la sensación de que tenía algo para decir. Sensación falsa, sin dudas. O al menos en parte. Cualquier cosa que escriba será igual a muchas, y diferente a casi nada. Copiar es imposible, decía Borges. Lo bueno es demasiado conocido para ser plagiado; y apropiarse de lo malo, inútil.

Por eso todo lo que aquí se lea, seguramente no será mío. Siempre alguien se me habrá adelantado, habrá tenido una idea, aunque más no sea, genuina y -tarea más que fácil- la habrá expresado mucho mejor. Pero esto es gratis, fácil y lo que me sobra (por lo menos hoy), es tiempo.

Voy a copiar mucho y citar poco. Lo aclaro desde el principio para evitar disputas (no sé entre quién, pero dejo la humildad para los grandes). Dicho esto, escucho a Bradbury que me dice "primero escribí y después pensá". Como escribir puedo le hago caso y empiezo, pero pensar me cuesta más.

Ahora me acuerdo de Roberto Fontanarrosa. Bueno, ahora y casi siempre. Sobre todo antes de que se muriera. Me acuerdo porque la página está vacía de ideas y aunque espero algún día empezar a llenarla, la realidad es que este texto carece de casi todo.

El negro no creía que sus personajes tuviesen vida propria. "Imaginate -decía- que los personajes te miraran y te dijeran 'pelotudo, seguime'. Eso no existe", pero a él le pagaban por escribir y dibujar, a mí no. Así que como ahora no tengo mucho más para decir, y ni siquiera un personaje que me increpe, aquí termino. Hasta un próximo despunte.